29 de agosto de 2006

01 - PdVP -De escritores, dibujantes y algo más



por John J. Mejía
Hace algunos días apareció en Newsarama (y me disculparán, pero el respectivo enlace se me extravió entre tanto archivo CBR y MP3) un artículo sobre escritores y dibujantes, debatiendo (en buenos términos, por supuesto) cuál era más importante para la creación de un cómic. Pero, realmente importa quién está detrás de un cómic? Eso me hizo reflexionar y como resultado de aquello, nace este relato que ilustra un poco como ha sido mi travesía de considerar a los cómics como entretenidos dibujitos en papel, a la obra de artistas con nombre propio. Un viaje que quizás muchos han compartido y compartiran en los años por venir y que nos llevará a la respuesta que todos conocemos.

Cuando tuve mi primer contacto con los cómics, mucho antes de cumplir los 10 años, confieso fueron los dibujos los que me atrajeron, principalmente porque muchos de ellos me resultaban familiares gracias a la televisión: Bugs Bunny, el Pajaro Loco, Super Ratón, Mickey Mouse y claro, Superman. Por aquel entonces, lo más que uno alcanzaba a conocer de los autores de esas revistas de dibujitos era que eran de un tal "Disney" y los ahora inmortales "creado por Jerry Siegel y Joe Shuster". Luego, cuando por fin hizo su début en Colombia la revista de "El Hombre Araña" (un gran hurra! aunque fuera en blanco y negro), se sumó a esa reducida lista de autores el "Stan Lee presenta". Así las cosas, de niño tenía claro que Disney era el autor de cuanta revista tuviera a Mickey Mouse o a alguno de su tribu en sus páginas, y que el tal Stan Lee era un duro para escribir y dibujar al Hombre Araña.

Con el correr de los años, las revistas de Superman comenzaron a incluir (o quizás siempre estuvo allí pero nunca antes les preste atención) una caja de texto que rezaba "Argumento por" y "Dibujado por", seguido cada uno por un nombre diferente. Hoy día, a esa "cajita" se le conoce como "créditos", pero que iba yo a saber en aquel entonces que eso eran. Fue allí que comprendí que los verdaderos autores de cada cómic eran otros que los que yo creía. Por extensión y por deducción, concluí que el nombre "Romita" que aparecía en las portadas de "El Hombre Araña", debía corresponder al dibujante (porque sepase que en esas revistas si que nunca incluyeron los nombres de los autores, por más cuidado que puse en ello). Si bien, tales nombres no significaban demasiado, ya comenzaba a identificar estilos de dibujo como el de Curt Swan (en "Superman"), Jim Aparo (en "Batman") o Gil Kane ("El Hombre Araña" y más adelante, "Conán"), además claro del ya antes mentado John Romita.

Ciertos escritores como Cary Bates y Gerry Conway también comenzaron a figurar en mi lista de conocidos, pues aparecian de forma regular en los créditos de "Superman".

Esto fue terminando los 70s.

A comienzos de los 80s, si mal no estoy, Superman, Arañito y muchos otros superhéroes desaparecieron de los kioskos colombianos. Ya sólo podía encontrar en ellos revistas de Condorito (del célebre dibujante chileno René Ríos, alias "Pepo"), Kalimán (de quién no conozco los autores a la fecha y sí, puedo buscarlo en la Wikipedia pero para los efectos de este artículo no hace falta) y las nunca faltantes producciones de Disney.

Años después, cuando ya rayaba la década de los 90s, los cómics de superhéroes (sólo de DC) reaparecieron en Colombia, aunque sería por breve tiempo. En esta segunda ola pude conocer al que (a pesar de sus muchos detractores) considero un buen contador de historias. Al hombre que redefinió al último Hijo de Krypton: John Byrne! Y lo resalto porque fue quizás la primer vez que presté atención al nombre detrás del cómic, así salten puyas o vítores con su nombre. Pero no nos desviemos del tema, que ya les hablaré sobre Byrne en otra ocasión. Aquí estamos viendo como con el tiempo, ese niño amante de los "dibujitos en papel" comenzó a reconocer que había gente real detrás de cada trabajo y siendo las historias de superhéroes sus favoritas, un buen día comenzó a reconocer a esa "gente" y a descubrir que eran muchos más que sólo quienes aparecian en el "Argumento por" y "Dibujado por".

Tal conocimiento me llegó el día cuando, gracias a un cómic de "Spider-Man" en inglés (que me envió una buena amiga desde los "Steits", como suele decir el honorable dictador que nos ha reunido en este Blog), pude leer los créditos completos y encontrar que además de los nombres tras los "script by" y "pencils by" que ya conocia, habían "inkers", "letterer", "colorist" y el a veces infame "editor-in-chief". Ese número de Spider-Man (a quien ya tenía perfectamente claro era el mismo "Hombre Araña" de mi niñez) fue el primero de muchos otros cómics que conseguí en su idioma original, la mayoría de ellos con el nombre "Superman" ilustrado de una forma u otra en la portada. Ellos se convirtieron en los guías a los trazos de Dan Jurgens, Jon Bogdanove y Mark Bagley, entre otros. Con ellos aprendí a reconocer la diferencia de su dibujo según fueran eran entintados (ah! los famosos "inkers") por Brett Bredding, Dennis Janke o Kevin Nowlan. Pero nótese que aún, como cuando era niño, era el arte gráfico en los cómics lo que primero miraba.

Sin embargo, conforme aumentaba mi colección, comencé a fijar mi interés en la historia que contaban los dibujos. Y no era el único que por entonces lo hacia.

Como venía diciendo, en los inicios de mi edad adulta al igual que de niño, eran los gráficos lo que más llamaban mi atención de los cómics. Claro es que para entonces, comenzaba a molestarme (y mucho porque usualmente representaba perdida de dinero) con ciertos números cuyas historias no llevaban a nada, eran confusos o resultaban poco atractivos. Y si para completar el dibujo no era bueno, pues qué decir. Así, comence a filtrar mi selección de títulos no solo por el personaje (como hasta entonces), sino también por sus autores. Fue entonces que deje de comprar la serie mensual "Superman: The Man of Steel", pues las historias de Simonson, Bogdanove y Janke dejaron de gustarme, tanto por su trama como por el dibujo (especialmente el dibujo. Qué pasó Bogdanove?). Pero lo que para mi comenzaba a ser un proceso de selección "natural" al momento de escoger un cómic, resultaba ser llevaba ya rato entre los fans del resto del mundo.

Durante la década de los 90s, los autores de los cómics comenzaron a ganar notoriedad. Me parece que el fenómeno comenzó con aquellos que escribian y dibujaban. Autores como Byrne o Frank Miller (en sus buenos días cuando creó el original "Return of the Dark Knight"), pero pronto comenzaron a aparecer clásicos como "Arkham Assylum", que pusieron el nombre de escritores poco convencionales como Grant Morrison en boca de muchos. Otro fenómeno que surgió en la época fue el laureado Neil Gaiman ("Sandman"). La cosa llegó al punto que la inclusión de estos escritores en los créditos de un cómic, casi que aseguraban su éxito.

Pero la primera impresión al ver un cómic seguían siendo sus dibujos, así que los dibujantes eran quienes gozaban de mayor reconocimiento en la comunidad comiquera. Es lógico deducir la razón. Es mucho más fácil ver un dibujo y reconocer el trazo de un Jim Lee o un Joe Madureira, a esperar y leer la historia para reconocer en ella el estilo de un escritor bueno (aunque a veces abuse de la prosa) como Alan Moore ("Watchmen", "From Hell", "V for Vendetta"). De allí la importancia para el fan de largo plazo, el que conoce algo del medio, de tener en las portadas los nombres de los autores.

Pero a fin de cuentas, y retomando la cuestión que nos ha llevado por este largo peregrinar, qué es más importante para un cómic? El escritor o el dibujante? Si bien habrán fanáticos de unos y otros, nadie puede negar que un buen dibujo bien puede desperdiciarse si cuenta una mala historia, así como una buena historia puede echarse a perder si es contada con un mal dibujo. Un claro ejemplo (al que me remito por referencias de otros pues muy a mi pesar no he podido leerlo) parece ser "Wolverine: Origins" (no confundir con su predecesora, muy bien recibida "Wolverine: Origin", en singular), donde el dibujo no ha llenado las expectativas.

Así las cosas, muchos lectores van a la fija escogiendo un cómic con un buen autor y un buen dibujante, lo que ha llevado a que se formen "alianzas" bastantes reconocidas en el medio. Tal es el caso de Jeph Loeb y Tim Sale, que juntos han creado obras de arte tanto para DC Cómics ("Superman for All Seasons", "Batman: The Long Halloween") como para la Maravillosa competencia ("Spider-Man: Blue", "Daredevil: Yellow"). Pero esta no es una fórmula a prueba de fallos y así lo aseguran los colaboradores de la Supermanhomepage.com, para quienes la saga "Superman: For tomorrow", gozaba de muy buenos dibujos (nada menos que del talentoso Jim Lee) pero una historia mal lograda por el escritor, siendo éste nada menos que Brian Azzarello, un autor galardonado por su trabajo en "100 Bullets".

Y la tendencia para estos tiempos azarosos del siglo XXI está orientada precisamente a atraer escritores reconocidos no sólo dentro del amplio pero aún así limitado espectro de los cómics. Nombres como Brad Meltzer (autor de varias novelas best-seller en Estados Unidos y con mucho éxito en los cómics con "JLA: Crisis de Identidad") o el mundialmente famoso Stephen King (quien prepara un cómic basado en su obra "The dark tower" bajo la tutela de Marvel Cómics), hacen parte ya de la jerga del círculo comiquero. Y para que tengamos una clara idea de hasta adónde se puede llegar, Deepak Chopra (autor de libros sobre espitirualidad, salud y filosofía) seguro hará pronto su incursión en este medio de la mano de su propia casa editora, Vigin Cómics.

Y después de todo este deambular, qué nos queda? Primero, que la puerta de entrada a los cómics es el arte gráfico. Indudablemente. Pero si bien los dibujos deben gustar, una buena historia detrás de ellos debe ser contada para que el lector regrese una y otra vez cada mes o cada semana, si tomamos en cuenta que muchos personajes tienen mas de un libro al mes o que casos excepcionales como el de la serie "52", se producen cada semana. Y lo mejor del cuento es que los Editores-en-jefe deben buscar a su vez como atraer nuevos lectores de todas las edades, a la vez que mantienen el interés de aquellos que (como yo) llevan siguiendo a sus personajes desde cuando eran niños y que ya no pueden ser complacidos con la típica historia simplista del "superhéroe encuentra el villano, lo combate y lo derrota" (aunque algunos saben como disfrazarla muy bien).

No olvidemos tampoco que el negocio de los cómics es precisamente eso, un negocio. Si bien los editores producen ocasionalmente joyas como "Watchmen", "Sandman" o "Y the last man", también es cierto que mucha basura es publicada en el intermedio, incluso en títulos tan antiguos y reconocidos mundialmente como Superman, Batman o Spider-Man (ni que decir de los demás). Pero mientras esas pocas joyas sigan apareciendo y sus autores pasen a partir de entonces a ser reconocidos (si es que no lo eran ya), bien vale la pena arriesgarse con un nuevo título, un nuevo escritor o un nuevo dibujante.

Cuál es más importante a fin de cuentas para el cómic? Los dos. Tanto el escritor como el dibujante. En eso coincido con el artículo de Newsarama que fue el que propicio este articulo.

Hasta la próxima.

25 de agosto de 2006

06 - PPC - Comics al Cine: una reflexión



Por Alberto Calvo

Es común escuchar gente, incluyendo fans de comics, quejándose de que las películas basadas en personajes de historieta son malas. Hoy día pareciera que eso está quedando atrás, pero no del todo. The Crow, Spiderman I y II, X-Men I y II, Blade I y II, Hulk, Hellboy, Batman Begins, Superman Returns... pareciera que el fantasma de las películas "bobas para retrasados" que se justificaban al decir "son cuentitos", ha finalmente quedado atrás.

Pero no hay que olvidar que junto a esas películas hemos tenido otras como Daredevil, Punisher, Fantastic Four, o Blade Trinity, que más que ser consideradas buenas películas, encajan perfectamente en aquella vieja definición de divertimiento barato para adolescentes con fantasías de poder (y sin siquiera tomar en cuenta cosas como Sky High o Spy Kids, que aún cuando no están basadas en comics tienen una enorme relación temática). También hay las que pudieron ser buenas pero se quedaron cortas, como X-Men 3 o V for Vendetta, y por supuesto las que nadie se enteró que estaban basadas en algún comic: Ghost World, Road to Perdition, A History of Violence, Men in Black, From Hell, The League of Extraordinary Gentleman, o incluso Rocketeer.

Y las mencionadas no son siquiera una lista completa. Habría que añadir Asterix, Sin City, American Splendor, G-Men from Hell y muchas otras. Si revisan la lista de películas que he mencionado notarán que abarcan diferentes géneros, así que tal vez no resulte justo agruparlas a todas dentro de una sola categoría por el solo hecho de haber sido adaptadas a partir de un comic. No conozco a nadie que pueda listar las películas estrenadas este año que hayan surgido como adaptaciones de una novela, ni tampoco a nadie que las pueda distinguir de aquellas creadas a partir de un guión cinematográfico original, así que ¿por qué hacerlo con las adaptaciones de comics?

Creo que se trata de un caso de autodiscriminación de parte de los fans y algunos medios de prensa especializada. ¿Por qué insistir en etiquetar y separar todo aquello relacionado con los comics? ¿Orgullo? ¿pena? ¿egoísmo? ¿Debiéramos disfrutar más una película por el hecho de estar basada en un comic? Quiero pensar que no. Existen muchas historias que temáticamente pueden estar relacionadas con el medio sin tener ninguna liga con el mismo, o aquellas que después se relacionan para seguir explotando sus propiedades. The Incredibles no tiene que ver con comic alguno, y sin embargo no me he encontrado con un sólo lector de comics que no la haya disfrutado enormemente. The Matrix muestra una gran influencia comiquera, particularmente en su estilo narrativo y en la construcción de personajes, pero su relación directa con el medio se dio después de su incepción.

Resumiendo: no deberíamos juzgar la calidad de las películas de comics de manera general, sino una por una, tal y como haríamos con cualquier otra película.

Alguna vez un amigo me comentaba que su mayor preocupación por la existencia de las malas adaptaciones era que la gente "normal" (usando el término para referirse a todos aquellos desafortunados que no disfrutan del arte secuencial, ya sea por decisión propia o por simple ignorancia), después de ver una película "de comics", pudiese llegar a la errónea conclusión de que el material de origen fuera tan malo como la película y decidiera descartar a los comics en conjunto como malos o mediocres. Y no dudo que ese caso se llegue a dar, pero no creo que sea un problema exclusivo de los comics.

Si usáramos ese mismo argumento para juzgar las novelas de, por ejemplo, Stephen King, podríamos llegar a la igualmente errónea conclusión de que todos sus libros, excepto tal vez -dependiendo de cual de las dos películas hayamos visto- The Shining (El Resplandor), son una basura. Yo mismo llegué a descalificar alguna vez a Michael Crichton por lo malas que eran la mayoría de las películas basadas en sus libros, pero en cuanto tuve oportunidad de leer varios de ellos llegué a la conclusión de que la responsabilidad de las malas películas que llegan a los cines es de Hollywood y sus casas productoras, y no de quienquiera que haya escrito o creado el material original.

Ahora, ¿cómo puedo acusar de trabajar mal a una industria que tiene más de ochenta años trabajando? Y creo que el problema radica precisamente en lo mucho que ha crecido Hollywood en todo este tiempo. En los primeros años el proceso para llevar una historia al cine era relativamente simple -entiendo lo complejo del proceso y no pretendo menospreciarlo, esto es sólo con fines argumentativos-. Los involucrados eran, a grandes rasgos, un productor, un guionista, y un director. El proceso podía variar en el orden en que se involucraran estos personajes: un productor que contrataba a un director para hacer tal o cual película, un director ofreciendo algún proyecto al productor, o un guionista tratando de vender su historia a un director o productor. Había reuniones, se ultimaban detalles y se filmaba la película. Los problemas y complicaciones de la realización no han cambiado tanto y no son el objeto de este texto, así que dejemoslo ahí, en el origen del proyecto.

Hoy día hay muchísima más gente involucrada en las diferentes etapas de la realización de una película, y esto incluye a los ejecutivos. Donde antes la decisión de aprobar o no un proyecto dependía mayormente del productor (quien era a fin de cuentas el que arriesgaba su dinero), ahora cada proyecto pasa por toda una red burocrática en donde todos opinan, o mejor dicho, se oponen, a toda clase de aspectos de cada proyecto. Contadores, mercadólogos y abogados, son gente que creativamente no tiene idea de lo que significa hacer una película, pero cuyas voces cargan mucho peso en lo que puede ser el resultado final. Incluso puedo afirmar que estas personas pueden matar cualquier proyecto antes de que este haya iniciado su pre-producción.

A lo que voy: mientras en un comic o novela gráfica existen un número reducido de creadores (escritor y dibujante, básicamente) y un solo editor a cargo de revisar y aprobar su trabajo, en una película hay decenas de personas que tienen que ponerse de acuerdo antes de filmar nada. Y el hecho de tener la obligación de obtener ganancias puede provocar que se añadan o eliminen elementos narrativos y/o de contenido a cualquier proyecto. Aquí entran el product placement y los acuerdos de licencias y merchandise.

Suponiendo que el guionista y el director puedan sortear toda esa maquinaria burocrática e iniciar la filmación, queda la interrogante de si son la gente adecuada para el proyecto. Tal vez ninguno de los dos conozca el comic, lo que puede resultar en una película que tenga poco o nada que ver con el material de origen. O tal vez lo conozcan pero prefieran "reinterpretarlo" de un modo que resulte casi irreconocible. Y tampoco podemos descartar la posibilidad de que todos los involucrados en la parte creativa sean conocedores y apasionados del comic, en cuyo caso sólo queda esperar que su habilidad o capacidad estén a la altura de su entusiasmo.

Existen casos de escritores de comics que han incursionado como guionistas de cine (o viceversa, pero eso es tema aparte), dibujantes que han trabajado como diseñadores de producción, e incluso autores de comic que han hecho las veces de cineastas. Los resultados de sus esfuerzos varían de proyecto a proyecto, lo que es claro indicativo de que el estar familiarizado con el material y/o los recursos temáticos y narrativos de un comic no es ninguna garantía de estar capacitado para trasladarlos a otro medio.

En fin. Esta larga perorata se puede resumir utilizando un cliché: Tal vez la mayoría de las películas basadas en comics sean basura, pero eso se debe a que la mayoría de las películas producidas son basura. Y yo me atrevería a ir un poco más lejos. Si juzgamos por separado, el porcentaje de malas películas de comics en relación a las que se producen es bastante menor al de malas películas "serias" de entre el total de cintas producidas.

La recomendación que yo haría al respecto es bastante simple. Si se enteran que uno de sus comics favoritos será llevado a la pantalla grande, no se hagan ilusiones. Eviten crearse falsas expectativas y así evitarán salir decepcionados. Si la película resulta ser buena, lo disfrutarán. Si no, tendrán el consuelo de saber que, a diferencia de otros miembros de la audiencia, ustedes si han podido disfrutar de la versión original de la historia. O, si les sirve de consuelo, a los videojuegos les ha ido mucho peor.