La idea de volver a trabajar como freelancer para una publicación "independiente" (léase "sin recursos económicos, humanos, tecnológicos o de ninguna clase") y la chispa de energía y creatividad que resulta de aventurarse en una nueva empresa se desgasta demasiado rápido, así que no debiera sorprender a nadie que mis colaboraciones para este blogzine, ciberpanfleto o lo que sea se supone que este sitio sea no resulten tan frecuentes como se esperaría de un columnista profesional. Porque yo soy un columnista profesional y el hecho de que me encuentre mezclado en un proyecto lleno de amateurs y pretendientes no cambia el hecho.
Lo que debería sorprender a todos es que yo haya decidido volver a escribir esta columna. Luego de que el dictadorcillo que se hace pasar por editor en jefe de esta publicación desistiera en sus intentos de editar o reescribir mis textos yo pensé que podría trabajar en paz y a mis anchas, pero no. Tenía que empezar con sus lloriqueos: "Me debes una columna", "me prometiste que tus colaboraciones serían regulares", "me diste tu palabra", bla, bla, bla. Claro que ahora no recuerda todo lo que él me prometió: mujeres, estupefacientes, paseos por lugares exóticos y un séquito de esclavos listos a satisfacer el más mínimo de mis deseos. No recuerda haber prometido nada de eso. Típico. Pero eso me gano por aceptar trabajar con amateurs. Espero que estas semanas que "accidentalmente" se quedó sin poder acceder a internet o cumplir con sus obligaciones laborales le hayan servido para meditar sobre lo errado de sus acciones, o por lo menos para entender que no debe meterse conmigo. Pero lo dudo. Conozco a los de su clase.
Ya que de todos modos me hizo escribir, creo que pudiera dedicar algunas líneas a denunciar la invasión que los de su clase han hecho del medio que esta pseudo-publicación se dedica a cubrir. Pretendientes y amateurs. Vividores haciendo creer a los ilusos y estúpidos fanboys que son profesionales y saben lo que están haciendo. ¿De que otro modo se puede explicar que una de las editoriales más grandes del medio actúe con la misma ética de trabajo que uno pudiera esperar de una pandilla de estafadores o de un periódico escolar (que entre más lo pienso menos diferencias encuentro)? Si están pensando que me refiero a esa casa de prostitución dedicada a vender licencias de íconos robados a sus creadores al mejor postor que se hace llamar DC Comics, acertaron. Tal vez aún haya esperanza para ustedes después de todo, aunque en realidad lo dudo.
Publicaciones que aparecen a destiempo, equipos "creativos" (debiera haber algún modo de objetar al uso de esa palabra) que no cumplen ni con sus plazos ni con sus compromisos, títulos inventados para llenar espacios en la cadena de distribución, series que no terminan o que terminan en publicaciones diferentes. Incluso, cuando aparecen creativos honestos y trabajadores, su trabajo es coartado, intervenido y masacrado, olvidando todo plan de trabajo individual para someterlo a las necesidades de un plan maestro superior. Vaya sarta de sinsentidos y estupideces. Muchos parecen tener la esperanza de que los poderes que son, una vez desechado el actual curso de acción, se deshagan del maniquí que tienen a cargo de la toma de decisiones. Ilusos. Ñoños. Pobres y patéticos soñadores que aún creen que contar historias es la razón de ser de esta industria a la que ofrendan todos sus ahorros.
No parecen darse cuenta de que el contenido o calidad de las historias es algo que no importa ni al maniquí ni a sus dueños. Lo único que les importa es que el balance trimestral siga en números negros. Los ñoños pueden dedicarse a discutir sobre si tal o cual historia está bien o no. Puden lloriquear y hacer drama ante la "muerte" de sus héroes de la infancia. Pueden incluso hacerse pasar por hombres rudos y determinados al escribir quejas y amenazas en blogs y foros de discusión, creyendo que amedrentan o espantan al maniquí o a sus dueños. Ilusos. Pobres y patéticos soñadores. El maniquí solo teme a sus dueños, que son los únicos facultados para cortarle la cabeza o mandarlo a reciclar, y éstos a su vez sólo temen que algún día el contador anuncie que algo está mal. Mientras eso no pase, dejen que los ñoños griten y lloriqueen, despotriquen y amenacen. A fin de cuentas, si lo hacen, es porque ya vaciaron sus carteras y bolsillos ayudando a perpetuar el estatus quo y el balance trimestral.
Siendo ese el estado del medio, no es de extrañarse que no haya profesionalismo en ninguno de sus aspectos. Si no se puede esperar que la gente que hace dinero de todo esto haga bien las cosas, ¿cómo puedo exigir que la gente que trabaja gratis lo haga? No se les puede presionar, y aún cuando suplen con entusiasmo las carencias técnicas, no es lo mismo. Todo esto me parece muy deprimente, así que me rehuso a seguir escribiendo del tema, al menos por ahora. Necesito intoxicarme para olvidarme de toda esta basura.
Hasta la próxima.
Tal vez.
Me pregunto si será posible infectar con alguna variante de ébola el suministro de agua en las oficinas de la editorial... al menos así habría justificación para decir que apestan y están llenos de $#!+