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16 de septiembre de 2006

02 - PdVP - La descompresión en los cómics




por John Mejía

Hace algunos años, en un foro no muy lejano, un fanático de Superman se quejaba de haber leido el último cómic en sólo unos minutos y no necesitar mas que de unas pocas palabras para describirlo de sobra. Hace poco, en otro foro, la queja fue sobre no ver al Llanero Solitario como tal sino hasta posiblemente el número 3 de su nueva serie (estrenada este septiembre). Y la verdad, a veces también me he quejado por lo mismo.

Cuando niño, recuerdo que pasaba un buen rato leyendo los cómics de Superman, publicados cada mes por la ahora extinta Editorial Novaro. En sus páginas solía encontrar una historia central, que en contadas ocasiones quedaba en continuará. No era raro ver además una o dos historias adicionales, de no más de 8 páginas la más extensa. Así, cada cómic de 32 páginas de aquel entonces era, regularmente, un cómic de 24-28 páginas de contenido real que proporcionaban no unos pocos, sino varios minutos de entretenimiento (el resto de las páginas se las tragaban los editoriales y la pubicidad). Ni que decir si lo que leía era una revista del Hombre Araña (porque en aquellos días nadie lo llamaba "Spider-Man"). Con todos los detalles que ilustraba John Romita en cada cuadro y los abundantes diálogos que Stan Lee ponia en cada página, bien podía quedarme un buen rato leyendo el mismo cómic antes de terminar. Y eso que eran las versiones en español, con textos usualmente "resumidos" y adaptados (algunas veces editaban también los dibujos para estirarlos y cubrir así 30 páginas, dañando a veces el arte original. Esa es una práctica que gracias al Cielo ya no realizan más).

Una historia tipo de aquellos cómics bien podía mostrar el origen de un nuevo villano, su encuentro con el héroe y su primera derrota, mientras se mostraban avances de una o dos sub-historias, con no mas de dos o tres paneles de una página dedicados a ello.

Eso era entonces.

Ahora que soy un adulto, un cómic mensual de 32 páginas tiene, para empezar, un promedio de 22 páginas dedicadas a una única historia central. Puede leerse en unos pocos minutos y usualmente no llega a nada. Es la continuación de una historia que queda en continuará. Y si te perdiste el inicio pues no es de extrañar que quedes sin entender qué está pasando en la historia porque muy pocos autores incluyen sumarios de las ediciones previas (aunque Marvel recientemente incluye en algunos títulos como "Civil War", una página resumen al inicio para ponerte al tanto de en que va la cosa). Y si ese fue tu primer cómic, pues el panorama puede resultar muy desalentador. A menos claro, que se trate de un trabajo que por su calidad motive lo suficiente para buscar las ediciones previas en tiendas o Internet y ponerse al día, además de tener paciencia y constancia para esperar por el próximo número.

Una historia tipo de esta nueva ola de cómics puede tener al protagonista meditando sobre sus motivaciones para hacer lo que hace.



La historia del cómic norteaméricano suele referir a Frank Miller con su obra "Ronin", como uno de los primeros autores en usar esta forma de narración con éxito, a usansa de (y tal vez inspirado en) los populares Mangas japoneses. Pero ojo, una cosa es contar una historia de forma lenta pero progresiva, aprovechando cada espacio para construir a los personajes cuidadosamente, sin afanes y justificar su comportamiento, y otra muy distinta dedicar ese espacio a mostrar a dos de los protagonistas agarrándose a golpes o hablando hasta aburrirte. Acciones que otrora no habrian tomado más de unas cuantas viñetas en una página. Y es que eso puede funcionar para Goku y Pikoro dandose de golpes por tres ediciones o mas de "Dragon Ball", pero no para ver a Superman dandose de golpes con una criatura del fin del mundo. Esta bien, si funcionó la primera vez, lo admito. Pero repetirlo injustificadamente cada mes arruina el efecto. O usar doce números de "Birthright" (iniciada en 2003) para re-contar el origen de Superman y su primera victoria sobre Lex Luthor, cuando ya John Byrne (de nuevo mentado aquí) lo hizo mucho mejor en "The Man of Steel" en sólo tres números (la serie completa duró seis pero en el tercer número es cuando Superman pone a Luthor en prisión por primera vez), por allá en 1986.

Sin duda el mejor mercado posible para este estilo de narración mucho más lento o "decompreso", como suele llamársele, sea el de los "trade paperback" o compilados, donde todos los números de una misma historia son publicados en uno o varios volumenes, segun la extensión de la misma (parece que el estándar "obliga" a no publicar compilados con más de 6 números en él). No confundirlos eso si, con las "novelas gráficas", que son miniseries publicadas por fuera de una colección mensual y planeada con el especifico propósito de ser compilada en algún momento. Como sea, resulta una alternativa mucho mejor esperar por el compilado y poder leer toda la historia de golpe, a padecer la agonia de ver cada mes un pequeño progreso en la historia y abusar de la memoria para seguirle el hilo. El peligro radica en que si el cómic resulta poco popular, podría pasar mucho antes que el compilado se publique o que posiblemente nunca vea la luz.

Pero es esta forma de contar historias realmente mala? No necesariamente. Como siempre, depende mucho de las mentes creativas detrás de cada historia, de las habilidades de sus autores para ganarse la confianza del lector en que su paciencia será recompensada con un producto de calidad. En lo personal prefiero aquellas que aunque decompresas, con cada número te hacen sentir que la historia avanza, lenta pero segura, sin recurrir a revelar todo el misterio que la envuelve desde un comienzo y tendiendo incluso pistas falsas. "Ultimate Spider-Man" puede ser un buen ejemplo (aunque no he vuelto a leerlo luego del número seis, tengo muy buenas referencias de la serie y el hecho que los autores no hayan cambiado en más de 100 números garantizan al menos una mayor coherencia que en las series con múltiples autores). Otro buen ejemplo es la saga de ocho números "Up, up and away", recien pubilcada en los titulos mensuales de Superman.

Ahora, si hay algo que realmente admiro, es un autor capaz de contar en un sólo número una historia auto-contenida, inteligente, atractiva y por sobre todo, con un final de aquellos que te dejan pensando "quiero más!". Esas son joyas que escasean en los cómics de hoy.

Para saber más sobre de compresión, te recomiendo estos enlaces:

Eso es todo por ahora.

29 de agosto de 2006

01 - PdVP -De escritores, dibujantes y algo más



por John J. Mejía
Hace algunos días apareció en Newsarama (y me disculparán, pero el respectivo enlace se me extravió entre tanto archivo CBR y MP3) un artículo sobre escritores y dibujantes, debatiendo (en buenos términos, por supuesto) cuál era más importante para la creación de un cómic. Pero, realmente importa quién está detrás de un cómic? Eso me hizo reflexionar y como resultado de aquello, nace este relato que ilustra un poco como ha sido mi travesía de considerar a los cómics como entretenidos dibujitos en papel, a la obra de artistas con nombre propio. Un viaje que quizás muchos han compartido y compartiran en los años por venir y que nos llevará a la respuesta que todos conocemos.

Cuando tuve mi primer contacto con los cómics, mucho antes de cumplir los 10 años, confieso fueron los dibujos los que me atrajeron, principalmente porque muchos de ellos me resultaban familiares gracias a la televisión: Bugs Bunny, el Pajaro Loco, Super Ratón, Mickey Mouse y claro, Superman. Por aquel entonces, lo más que uno alcanzaba a conocer de los autores de esas revistas de dibujitos era que eran de un tal "Disney" y los ahora inmortales "creado por Jerry Siegel y Joe Shuster". Luego, cuando por fin hizo su début en Colombia la revista de "El Hombre Araña" (un gran hurra! aunque fuera en blanco y negro), se sumó a esa reducida lista de autores el "Stan Lee presenta". Así las cosas, de niño tenía claro que Disney era el autor de cuanta revista tuviera a Mickey Mouse o a alguno de su tribu en sus páginas, y que el tal Stan Lee era un duro para escribir y dibujar al Hombre Araña.

Con el correr de los años, las revistas de Superman comenzaron a incluir (o quizás siempre estuvo allí pero nunca antes les preste atención) una caja de texto que rezaba "Argumento por" y "Dibujado por", seguido cada uno por un nombre diferente. Hoy día, a esa "cajita" se le conoce como "créditos", pero que iba yo a saber en aquel entonces que eso eran. Fue allí que comprendí que los verdaderos autores de cada cómic eran otros que los que yo creía. Por extensión y por deducción, concluí que el nombre "Romita" que aparecía en las portadas de "El Hombre Araña", debía corresponder al dibujante (porque sepase que en esas revistas si que nunca incluyeron los nombres de los autores, por más cuidado que puse en ello). Si bien, tales nombres no significaban demasiado, ya comenzaba a identificar estilos de dibujo como el de Curt Swan (en "Superman"), Jim Aparo (en "Batman") o Gil Kane ("El Hombre Araña" y más adelante, "Conán"), además claro del ya antes mentado John Romita.

Ciertos escritores como Cary Bates y Gerry Conway también comenzaron a figurar en mi lista de conocidos, pues aparecian de forma regular en los créditos de "Superman".

Esto fue terminando los 70s.

A comienzos de los 80s, si mal no estoy, Superman, Arañito y muchos otros superhéroes desaparecieron de los kioskos colombianos. Ya sólo podía encontrar en ellos revistas de Condorito (del célebre dibujante chileno René Ríos, alias "Pepo"), Kalimán (de quién no conozco los autores a la fecha y sí, puedo buscarlo en la Wikipedia pero para los efectos de este artículo no hace falta) y las nunca faltantes producciones de Disney.

Años después, cuando ya rayaba la década de los 90s, los cómics de superhéroes (sólo de DC) reaparecieron en Colombia, aunque sería por breve tiempo. En esta segunda ola pude conocer al que (a pesar de sus muchos detractores) considero un buen contador de historias. Al hombre que redefinió al último Hijo de Krypton: John Byrne! Y lo resalto porque fue quizás la primer vez que presté atención al nombre detrás del cómic, así salten puyas o vítores con su nombre. Pero no nos desviemos del tema, que ya les hablaré sobre Byrne en otra ocasión. Aquí estamos viendo como con el tiempo, ese niño amante de los "dibujitos en papel" comenzó a reconocer que había gente real detrás de cada trabajo y siendo las historias de superhéroes sus favoritas, un buen día comenzó a reconocer a esa "gente" y a descubrir que eran muchos más que sólo quienes aparecian en el "Argumento por" y "Dibujado por".

Tal conocimiento me llegó el día cuando, gracias a un cómic de "Spider-Man" en inglés (que me envió una buena amiga desde los "Steits", como suele decir el honorable dictador que nos ha reunido en este Blog), pude leer los créditos completos y encontrar que además de los nombres tras los "script by" y "pencils by" que ya conocia, habían "inkers", "letterer", "colorist" y el a veces infame "editor-in-chief". Ese número de Spider-Man (a quien ya tenía perfectamente claro era el mismo "Hombre Araña" de mi niñez) fue el primero de muchos otros cómics que conseguí en su idioma original, la mayoría de ellos con el nombre "Superman" ilustrado de una forma u otra en la portada. Ellos se convirtieron en los guías a los trazos de Dan Jurgens, Jon Bogdanove y Mark Bagley, entre otros. Con ellos aprendí a reconocer la diferencia de su dibujo según fueran eran entintados (ah! los famosos "inkers") por Brett Bredding, Dennis Janke o Kevin Nowlan. Pero nótese que aún, como cuando era niño, era el arte gráfico en los cómics lo que primero miraba.

Sin embargo, conforme aumentaba mi colección, comencé a fijar mi interés en la historia que contaban los dibujos. Y no era el único que por entonces lo hacia.

Como venía diciendo, en los inicios de mi edad adulta al igual que de niño, eran los gráficos lo que más llamaban mi atención de los cómics. Claro es que para entonces, comenzaba a molestarme (y mucho porque usualmente representaba perdida de dinero) con ciertos números cuyas historias no llevaban a nada, eran confusos o resultaban poco atractivos. Y si para completar el dibujo no era bueno, pues qué decir. Así, comence a filtrar mi selección de títulos no solo por el personaje (como hasta entonces), sino también por sus autores. Fue entonces que deje de comprar la serie mensual "Superman: The Man of Steel", pues las historias de Simonson, Bogdanove y Janke dejaron de gustarme, tanto por su trama como por el dibujo (especialmente el dibujo. Qué pasó Bogdanove?). Pero lo que para mi comenzaba a ser un proceso de selección "natural" al momento de escoger un cómic, resultaba ser llevaba ya rato entre los fans del resto del mundo.

Durante la década de los 90s, los autores de los cómics comenzaron a ganar notoriedad. Me parece que el fenómeno comenzó con aquellos que escribian y dibujaban. Autores como Byrne o Frank Miller (en sus buenos días cuando creó el original "Return of the Dark Knight"), pero pronto comenzaron a aparecer clásicos como "Arkham Assylum", que pusieron el nombre de escritores poco convencionales como Grant Morrison en boca de muchos. Otro fenómeno que surgió en la época fue el laureado Neil Gaiman ("Sandman"). La cosa llegó al punto que la inclusión de estos escritores en los créditos de un cómic, casi que aseguraban su éxito.

Pero la primera impresión al ver un cómic seguían siendo sus dibujos, así que los dibujantes eran quienes gozaban de mayor reconocimiento en la comunidad comiquera. Es lógico deducir la razón. Es mucho más fácil ver un dibujo y reconocer el trazo de un Jim Lee o un Joe Madureira, a esperar y leer la historia para reconocer en ella el estilo de un escritor bueno (aunque a veces abuse de la prosa) como Alan Moore ("Watchmen", "From Hell", "V for Vendetta"). De allí la importancia para el fan de largo plazo, el que conoce algo del medio, de tener en las portadas los nombres de los autores.

Pero a fin de cuentas, y retomando la cuestión que nos ha llevado por este largo peregrinar, qué es más importante para un cómic? El escritor o el dibujante? Si bien habrán fanáticos de unos y otros, nadie puede negar que un buen dibujo bien puede desperdiciarse si cuenta una mala historia, así como una buena historia puede echarse a perder si es contada con un mal dibujo. Un claro ejemplo (al que me remito por referencias de otros pues muy a mi pesar no he podido leerlo) parece ser "Wolverine: Origins" (no confundir con su predecesora, muy bien recibida "Wolverine: Origin", en singular), donde el dibujo no ha llenado las expectativas.

Así las cosas, muchos lectores van a la fija escogiendo un cómic con un buen autor y un buen dibujante, lo que ha llevado a que se formen "alianzas" bastantes reconocidas en el medio. Tal es el caso de Jeph Loeb y Tim Sale, que juntos han creado obras de arte tanto para DC Cómics ("Superman for All Seasons", "Batman: The Long Halloween") como para la Maravillosa competencia ("Spider-Man: Blue", "Daredevil: Yellow"). Pero esta no es una fórmula a prueba de fallos y así lo aseguran los colaboradores de la Supermanhomepage.com, para quienes la saga "Superman: For tomorrow", gozaba de muy buenos dibujos (nada menos que del talentoso Jim Lee) pero una historia mal lograda por el escritor, siendo éste nada menos que Brian Azzarello, un autor galardonado por su trabajo en "100 Bullets".

Y la tendencia para estos tiempos azarosos del siglo XXI está orientada precisamente a atraer escritores reconocidos no sólo dentro del amplio pero aún así limitado espectro de los cómics. Nombres como Brad Meltzer (autor de varias novelas best-seller en Estados Unidos y con mucho éxito en los cómics con "JLA: Crisis de Identidad") o el mundialmente famoso Stephen King (quien prepara un cómic basado en su obra "The dark tower" bajo la tutela de Marvel Cómics), hacen parte ya de la jerga del círculo comiquero. Y para que tengamos una clara idea de hasta adónde se puede llegar, Deepak Chopra (autor de libros sobre espitirualidad, salud y filosofía) seguro hará pronto su incursión en este medio de la mano de su propia casa editora, Vigin Cómics.

Y después de todo este deambular, qué nos queda? Primero, que la puerta de entrada a los cómics es el arte gráfico. Indudablemente. Pero si bien los dibujos deben gustar, una buena historia detrás de ellos debe ser contada para que el lector regrese una y otra vez cada mes o cada semana, si tomamos en cuenta que muchos personajes tienen mas de un libro al mes o que casos excepcionales como el de la serie "52", se producen cada semana. Y lo mejor del cuento es que los Editores-en-jefe deben buscar a su vez como atraer nuevos lectores de todas las edades, a la vez que mantienen el interés de aquellos que (como yo) llevan siguiendo a sus personajes desde cuando eran niños y que ya no pueden ser complacidos con la típica historia simplista del "superhéroe encuentra el villano, lo combate y lo derrota" (aunque algunos saben como disfrazarla muy bien).

No olvidemos tampoco que el negocio de los cómics es precisamente eso, un negocio. Si bien los editores producen ocasionalmente joyas como "Watchmen", "Sandman" o "Y the last man", también es cierto que mucha basura es publicada en el intermedio, incluso en títulos tan antiguos y reconocidos mundialmente como Superman, Batman o Spider-Man (ni que decir de los demás). Pero mientras esas pocas joyas sigan apareciendo y sus autores pasen a partir de entonces a ser reconocidos (si es que no lo eran ya), bien vale la pena arriesgarse con un nuevo título, un nuevo escritor o un nuevo dibujante.

Cuál es más importante a fin de cuentas para el cómic? Los dos. Tanto el escritor como el dibujante. En eso coincido con el artículo de Newsarama que fue el que propicio este articulo.

Hasta la próxima.