Por Alberto Calvo
Si pensaban que había decidido cerrar la tienda y guardarme mis opiniones sobre diversos tópicos del mundo del comic, estaban equivocados. Mientras tenga algo que decir de cualquier tema seguramente seguiré escribiendo al respecto. Lo que sigue puede interpretarse como una crítica hacia los lectores o fans, y aún cuando hasta cierto punto lo es, no es mi intención ofender a nadie, sino simplemente puntualizar una de las características del medio y la gente que lo ha elegido como hobby. En múltiples ocasiones he mencionado la tendencia del público en general a realizar una asociación inmediata entre comics y superhéroes, así como mi opinión al respecto. Es un hecho que esa asociación de términos persistirá por mucho tiempo, quizás incluso hasta que el medio desaparezca como tal, así que más vale acostumbrarse a ello.Ahora, incluso entre los aficionados al medio se dan esa clase de asociaciones extrañas. Si se habla de superhéroes difícilmente alguien pensará en alguna editorial que no sea Marvel o DC Comics, no porque sean las únicas en publicar títulos de superhéroes, sino porque son las que tienen más tiempo haciéndolo y porque publican las aventuras de los personajes más conocidos y populares. Cuando se dió el boom de la industria a principios de los 1990s varias editoriales crearon sus propios Universos poblados por superhéroes: Image, Dark Horse, Valiant (luego Acclaim), Continuity, Defiant, Harris, Broadway, Tekno (Big Entertainment), y un largo etcétera, intentaron, sin éxito -con las posibles excepciones de Image y Dark Horse- tomar un pedazo del nicho de mercado de "las dos grandes". Incluso hubo las que nacieron muertas, como el NelsonVerso de Tundra (que creo recordar se llamaría Manta, pero supongo que ahora ya no importa).
Las razones por las que ninguno de esos universos pudo prevalecer a largo plazo son diversas, desde mala planeación hasta propiedades poco interesantes, pasando por cualquier otra clase de problemas: fuga de talentos, problemas económicos y/o de distribución, inversionistas sin escrúpulos, etc. Pero quizás el más grave problema que enfrentaron todos esas fallidas creaciones fue no poder convencer a los fans de que sus personajes e historias tenían el potencial para ser mejores o llegar a ser tan familiares y queridos como a los que estaban acostumbrados. Image tenía de su parte a los creativos más populares y exitosos de la era moderna, Dark Horse la infraestructura de marketing y planeación editorial más capaz que el medio haya visto, Valiant un par de editores dispuestos a arriesgar y las propiedades y el talento para hacerlo bien, Broadway y Tekno los recursos económicos... y ninguno de ellos pudo prosperar. Image sufrió una desbandada y poco o nada queda de lo que era entonces, aunque resultó para bien; Dark Horse consolidó su posición como editorial especializada en licencias y al igual que Image se convirtió en una opción para creadores independientes; Harris se concentró en su única propiedad exitosa y el resto simplemente desaparecieron. Esa historia se ha repetido varias veces a menor escala pero, sin importar las variaciones que pueda adoptar el mercado, eventualmente todo vuelve a la normalidad y Marvel y DC permanecen como las dos grandes, aunque es importante señalar que las ventas no son nada comparadas con las de la década pasada.
Incluso dentro de las mismas editoriales se ha dado el caso de la creación de microuniversos con diferentes grados de éxito. Marvel contrató los servicios de Jim Lee y Rob Liefeld para crear una nueva versión de algunos de sus títulos más tradicionales, y poco después creó las líneas Marvel Knights y Ultimate para revitalizar otras de sus propiedades más antiguas. Knights funcionó más o menos como los pretendientes de la década pasada: generó interés por los personajes, ganó reconocimiento y aceptación tanto en críticas como en ventas... y eventualmente se fue desdibujando hasta desaparecer del mapa. La línea Ultimate sigue funcionando con un éxito comercial bastante aceptable, e incluso se da por entendido que es la base para el manejo de las franquicias de Marvel en el cine. Más arriba mencioné la desbandada de Image, la cual muchos piensan empezó con la participación de Lee y Liefeld en Heroes Reborn, el proyecto mencionado más arriba. Liefeld fue expulsado de Image y Jim Lee vendió su compañía, Wildstorm Productions, a DC Comics, en un trato que le permitió seguir al frente de ella y llevar un control editorial de sus títulos independiente al del resto del DCU.
Y es precisamente a causa de Wildstorm que decidí embarcarme en este tema. Hace un par de semanas me encontré en una lista de correos con una discusión sobre las ventas de varios títulos y un punto que resaltó en la misma fue el pobre desempeño comercial de toda la línea Wildstorm en los últimos meses. Tomando en cuenta que toda la línea fue relanzada hace menos de un año con varios creativos de renombre involucrados (Grant Morrison, Garth Ennis, Mike Carey, Christos Gage, Gail Simone, Gene Ha, Chris Sprouse, Lee Bermejo o el mismo Jim Lee) debe considerarse como uno de los más grandes fracasos de que se tenga memoria en tiempos recientes. Y yo no entiendo por qué. Hace años que mi cuota de lecturas de superhéroes ha ido a la baja, mayormente porque la mala planeación editorial y la falta de compromiso que parece haber en las dos grandes por hacer lo que se supone es el fin último del medio, es decir, contar historias, me han hecho perder el interés. De uno u otro modo intento mantenerme al día con los sucesos del medio y el contenido de diversos títulos, pero hace mucho que no sigo de manera regular ningún título regular de superhéroes tradicionales. Vertigo, Oni, Dark Horse y editoriales independientes se han convertido en el centro de mis hábitos comiqueriles, y Wildstorm se había sumado regularmente a mi lista de compras incluso desde antes del relanzamiento.
Las historias son entretenidas e interesantes, el arte es de primer nivel, los personajes ya tienen (en su mayoría) varios años apareciendo en diversos títulos y cada título funciona sin necesidad de seguir la continuidad de todos los títulos. ¿Qué falló entonces? Claro que existen problemas a nivel editorial. Jim Lee tiene toda clase de compromisos independientes a su labor como ilustrador, y aún tenía pendiente su participación en el criticado All Star Batman and Robin the Boy Wonder (un título tan largo y rebuscado me parece prueba suficiente de que el marketing en DC tampoco anda muy bien que digamos), por lo que cuesta entender por qué se comprometió a ser el artista de Wildcats sabiendo que difícilmente podría cumplir con sus plazos de entrega. A nadie sorprendió cuando se dio el anuncio de que se retrasaría el título luego de la aparición de solo un número, pero sin duda fue causa de decepción y molestia para muchos fans, pero no creo que los problemas de un solo título puedan explicar el fracaso de toda la línea.
Personalmente creo que el mayor problema a la hora de concebir el relanzamiento fue la forma de anunciarlo. Se dieron los nombres de los creadores involucrados y se anunció un inicio nuevo, lo cual no era del todo cierto. Si bien las historias no dependen de manera directa de la continuidad desarrollada en versiones anteriores de los mismos títulos (con la posible excepción de Wildcats), es un hecho que todo el background del Universo Wildstorm si está firmemente sentado en el canon previamente establecido, lo que debe haber provocado confusión en muchos de los lectores nuevos. Habiendo leído la gran mayoría de los títulos de Wildstorm desde los albores de Image yo no he tenido ningún problema para disfrutar de estos títulos, los cuales permanecen dentro de mi lista de compras mensuales (con la excepción de Gen13, que ni siquiera Gail Simone me puede hacer leer) y son algunas de mis lecturas favoritas.
Sin embargo, creo que las cosas no podían haber sido de otro modo. Siempre se ha dicho que los lectores de comics tenemos muchos rasgos de comportamiento propios de los niños y me parece que en algunos casos esa apreciación es correcta. Supongamos que nuestro helado favorito es el de chocolate. Podemos decidir probar un poco de vainilla o pistache de vez en cuando, o aventurarnos a sabores menos comunes o incluso exóticos cuando se nos presenta la oportunidad, pero eventualmente volveremos a nuestro viejo conocido, el siempre confiable chocolate. No importa que algunas veces se sienta rancio o de baja calidad, la sensación de comodidad y familiaridad que nos da no tiene substituto.
Lástima. Supongo que solo me queda esperar que el dueño de la fuente de sodas no decida dejar de producir otros sabores y especializarse solo en el chocolate. Sería terrible tener que buscar un nuevo postre favorito para sustituir el helado.