Por Alberto Calvo
Supongo que lo primero que hace falta es una explicación luego de los casi tres meses de ausencia de ésta y mis otras columnas aquí en
Comicverso, asì que espero me disculpen el poner este texto como si se tratase de una columna regular, común y corriente. El plan original era publicar mis columnas correspondientes al mes de noviembre de manera normal y luego, previo anuncio, tomarme un receso de algunas semanas, pero algunos imprevistos (proyectos personales y cuestiones de trabajo) me hicieron alejarme de este blog algunas semanas antes de lo que pensaba.
Durante mi ausencia se presentaron algunos periodos de tiempo en los que bien pude haber publicado alguna columna. De hecho, tengo algunos borradores prácticamente listos, la mayoría de ellos de
Recomendaciones de la Comicteca, pero cada vez que pensaba en sacar uno para terminarlo y publicarlo, decidía no hacerlo. La razón para ello me sorprendió un poco al principio pero tras dos o tres intentos me di cuenta de lo que estaba sucediendo. Necesitaba un descanso de los comics.
Y en esto quiero ser claro. Me encantan los comics. Son uno de mis hobbies favoritos y creo que siempre lo serán. Pero a pesar de lo mucho que los disfruto y de la apreciación que siento por el arte secuencial como medio narrativo me doy cuenta que como industria tienden a provocarme toda clase de disgustos e incluso un cierto desgaste emocional.
Para bien o para mal, la industria del comic sigue dependiendo en muchos aspectos del género de superhéroes y su cada vez más cercana relación de amor/odio con los medios
"mainstream", es decir, el cine y la televisión. Periódicamente se dan intentos dentro de la industria por cambiar esta situación, pero parecen no ser suficientes. Algunas de mis editoriales favoritas no publican títulos de superhéroes, pero su oferta de contenidos no es lo suficientemente exitosa como para darles notoriedad. Otras han decidido balancear su producción, dedicando una parte de su línea a proyectos de temáticas variadas y otra a títulos más tradicionales. Pero el centro de atención siguen siendo
Marvel y
DC Comics.
DC tiene ya varios años sumida en un caos editorial que provoca bandazos en todas direcciones, pues aparentemente
Dan Didio, su editor en jefe, está más preocupado por la cobertura mediática de sus crossovers y megaeventos que por poner orden en casa y dedicarse a lo que todo buen editor debiera dedicarse de tiempo completo: supervisar que la gente a su cargo cuente historias de la mejor manera posible.
Marvel tampoco está libre de culpa, pues la gran mayoría de sus eventos han sido encaminados también a generar encabezados en los medios especializados y a tratar de colar alguna nota en los no especializados. Afortunadamente la estructura editorial de la compañía es más limpia y clara que la de
DC, así que existe una mejor labor en control de daños, permitiendo que las historias puedan ser llevadas de mejor manera.
El caso es que el año pasado fue uno bastante difícil para la industria. La presencia en cine y tv de propiedades de comics fue menor y de más baja calidad que en años anteriores, y los megaeventos editoriales fueron en su mayoría derivados de los anteriores o antesala de los que vienen, lo que les restó importancia. Y en términos generales no apareció nada nuevo o reciclado que me emocionara por las posibilidades para el medio. Y no digo que no hubiera algunos títulos sobresalientes o novelas gráficas de calidad, porque las hubo. Pero al menos para mi, las cosas negativas superaron en el balance general a las positivas, provocando en mi una sensación de vacio, de cansancio mental ante el estado de la industria.
Por esa razón preferí darme algunas semanas adicionales para leer y disfrutar de aquellos títulos que me gustan sin pensar en las implicaciones que éstos puedan tener en el estado general de una u otra editorial, sin preocuparme por las posibles consecuencias que puedan tener como parte de algún universo o en la cantidad de secuelas, precuelas, spinoffs o crossovers que pudiesen generar. Simplemente disfrutar las historias sin tener que decidir si debo o no escribir sobre alguna de ellas o no. Evitar pensar en el hobby como parte de una obligación. Puede parecer irresponsable de mi parte, lo sé. ¿Para qué comprometerme a colaborar en un proyecto como
Comicverso si no acepto las responsabilidades que implica ese compromiso?
No sé si se trate de una explicación válida o no, pero para mi lo es y espero sea comprendida por los lectores (si es que aún los hay) de estas líneas, pero para mi es más importante escribir de manera honesta acerca de un tema que disfruto y me interesa, que hacerlo de manera extensa, puntual y distante por el simple deseo de cumplir con una programación o esquema editorial. Dicho lo anterior anuncio que a partir del próximo viernes retomo mi ritmo de publicación anterior, con una columna cada semana y el ocasional texto adicional de aparición esporádica en alguna de nuestras secciones. Espero que aún haya lectores interesados en seguir los balbuceos con que suelo llenar este espacio y que poco a poco se vayan reintegrando los demás colaboradores de
Comicverso.
Recuerden que esperamos sus comentarios, quejas y sugerencias en el enlace correspondiente o en comicverso(@)gmail.com
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