29 de noviembre de 2006

06 - EaC - El Derecho a Discrepar

Escupiendo al Cielo en Comic Verso

Por Cristian Badilla.

Estos últimos días tenia bastante pensado el sobre qué iba a escribir para la columna de hoy, pero como siempre me sucede con las cosas que elaboro demasiado, veo algo a ultimo minuto que me llama más la atención y termino escribiendo de otra cosa a la ya programada.

Pues bien, ayer en mi irregular visita a comprar Comics, dentro de la conversación que surgió en la tienda, salio un tema que quedo dando vueltas en mi cabeza, cual es el derecho a no simpatizar con algo que muchos consideran una vaca sagrada.

En este caso, la vaca sagrada, es Watchmen.

Mucho se ha dicho y hablado sobre la obra escrita por Alan Moore y dibujada por Dave Gibbons. No solo por revistas especializadas en Comics, sino que también por otro tipo de publicaciones de entretenimiento. No será este el momento para volver a ello.

Primero que todo, debo decir que a mi si me gusto, aun cuando la leí hace mucho tiempo y hasta el día de hoy no me he tomado la molestia de hacer una relectura. Cosa bastante necesaria en obras culmines de un arte determinado, por cuanto nuestras apreciaciones cambian según las experiencias que hemos tenido en el transcurso de nuestra vida. Se aplica al cine, a los libros y por qué no, a los Comics también.

Pues bien, ¿Qué pasa cuando sale un Ñoño que públicamente reniega de esta vaca sagrada? ¿Cuándo un Ñoño señala de forma honesta que cree que perdió el dinero con la obra?

Probablemente, se tiren la mayoría de los otros Ñoños encima acusándolo de profanar la máxima expresión que puede dar el Comic. Es el equivalente, para algunos, a sostener que la capilla Sixtina es un mero techo pintado o que el Quijote carece de riqueza en el lenguaje.

Watchmen es una obra que marca una inflexión en la forma y temática de contar historias de Superhéroes… pero igual puede existir la persona que no le gusta, así de simple. Mal que mal en algo tienen razón los opositores a toda obra maestra… la Capilla Sixtina sí es al fin y al cabo ¡un techo pintado!

Los Ñoños, pareciera que, en masa deben moverse bajo ciertas reglas, siendo una de ellas la ya clásica oración “Alan Moore es Dios…” acompañada con que “…Frank Miller - Neil Gaiman o Grant Morrison (según el caso) - son sus profetas”.

El Ñoño a veces olvida que todos tienen sus caídas, algunos más que otros, no siendo Moore la excepción, el Badrock/Violator es una gran caída o muchos que alguna vez aplaudieron su primera entrega de la Liga de Extraordinarios Caballeros, con el uso de viejos personajes de la literatura han mostrado un recelo retrogrado ante el Lost Girls, donde vuelve a utilizar personajes ya preconcebidos, esta vez las protagonistas de famosos cuentos, para utilizarlas como mujeres dispuestas a la lujuria y el sexo. O la miniserie Voodoo, donde utiliza al personaje de los WildC.A.T.s en una historia sin mucha relación, ni calidad, con lo que él había hecho en la serie regular o Fire From Heaven, una macrosaga que más de un bostezo saco a varios.

Si el que para muchos el más grande, efectivamente se ha caído… que se puede esperar del simple Ñoño. Nadie se levanta de un día para otro y se las sabe todas, entre ellos, tener la conciencia de que algo es bueno o no. Probablemente esas actitudes del Ñoño intransigente, con sus preguntas y preconcepciones idiotas, que no entiende que puede haber otra mirada o punto de vista, incluso para una obra que todo el mundo (salvo uno) encuentra buena, sea lo que saco a Moore de convenciones y encuentros con el fanático regular.

Nos leemos en quince.


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1 comentarios:

Unknown dijo...

Mi clásica falta de Humildad hace que me sienta tocado por ésta columna, aunque es vergonzoso que la lea tan tarde :D

Creo que en definitiva eso de "errar es humano", al igual que la mayoría de los Refranes, encierran verdades más o menos inalterables. Sin embargo creo que conservar una posición de apertura mental completa es virtualmente imposible y lo convierte a uno en un Zombie con gusto a pan sin sal... todos tenemos derecho a equivocarnos y ser publicamente humillados por ello, es la única forma de aprender.