15 de febrero de 2008

29 - RC - The Books of Magic



Por Alberto Calvo

Regresando a nuestra programación habitual...

El título al que dedicaremos este espacio de las Recomendaciones de la Comicteca tiene como protagonista a un niño británico, huérfano, que utiliza anteojos y tiene una cicatriz en la frente. Lo acompaña una lechuza y se dice que está destinado a ser el mago más grande del mundo. Y no, no es Harry Potter. Es un honor recomendarles

The Books of Magic

Escritor: Neil Gaiman
Artistas : Libro 1 - John Bolton, Libro 2 - Scott Hampton, Libro 3 - Charles Vess, y Libro 4 - Paul Johnson

Editorial: DC Comics/Vertigo
Formato: Miniserie de 4 números formato Prestige.
Fecha de publicación: 1990 - 1991

Los Libros de la Magia es una miniserie que sirvió para introducir al personaje de Tim Hunter al Universo DC, o al menos a la parte mágica de éste. Cada uno de los cuatro tomos que forman la serie fue ilustrado por un artista diferente, a fin de reflejar el diferente tono que se requería para contar cada parte de la historia.

La primera parte, titulada The Invisible Labyrinth (El Laberinto Invisible), fue ilustrada por John Bolton. En ella nos enteramos de como cuatro de los personajes más importantes del Universo Mágico de DC deciden aproximarse al joven Hunter para explicarle acerca de la magia en el mundo y su posible papel en el futuro de ésta. Después de convencerlo de que hablan en serio, Tim accede a que le muestren la magia en el mundo. Primero es el turno del Phantom Stranger, quien le muestra a Tim el pasado del Universo DC.

En el segundo libro, titulado The Shadow World (El Mundo de Sombras), Tim recorre el presente del Universo DC guiado por John Constantine, con ilustraciones de Scott Hampton. El tercer libro, The Land of Summer's Twilight (La Tierra del Crepúsculo Veraniego) ilustrado por Charles Vess, nos muestra como el Doctor Occult lleva a Tim a conocer otros mundos mágicos, incluyendo The Dreaming y algunas otras paradas momentáneas pero centrándose principalmente en la Tierra de los Faerie. Finalmente, en el cuarto y último libro, titulado The Road to Nowhere (El Camino a Ninguna Parte), es ilustrado por Paul Johnson y nos enseña, mientras Mister E se lo muestra a Tim, uno de los posibles futuros del Universo DC. Tim es regresado a casa y enfrenta la decisión más importante de su vida: ¿Debe hacer cuanto esté a su alcance para tratar de alcanzar todo su potencial, o debe olvidarse de la magia y llevar su vida como una persona normal?

Como suele ser el caso con la mayoría de las historias sobre magia y niños u adolescentes (al menos con aquellas historias que realmente valen la pena), la historia fantástica que nos cuentan sirve como pretexto para hablar de maduración, del proceso que todo niño debe enfrentar para dejar atrás la infancia y empezar el proceso que lo convertirá en un adulto. La historia de la miniserie, aunque completa y disfrutable por si sola, es en realidad el principio de una historia más grande, la cual fue contada en varias series y miniseries posteriores, las cuales serán tema de otra ocasión.

Si les gusta la fantasía inteligente, si son fans de Neil Gaiman o de alguno de los artistas que colaboraron con el en esta historia, o simplemente si desean leer una buena historia alrededor de la magia que existe en el mundo, no se pueden quedar sin leer The Books of Magic. El Tío Beto la recomienda.

Si les gusta, no les gusta, quieren comentar algo, quejarse, preguntar algo o simplemente hacer alguna petición o sugerencia, recuerden que tenemos a su disposición una sección de comentarios y una dirección de correo electrónico - comicverso @ gmail.com - para que se explayen a gusto. Hasta la próxima.

11 de febrero de 2008

24 - PPC - La Red y El Futuro de los Comics


Por Alberto Calvo

Hace unos días apareció la más reciente entrega de En el Confesionario, la columna de Esteban aquí en Comicverso. En ella reflexiona un poco acerca del estado de la industria en términos de su presencia en línea y de la forma en que las principales editoriales han reaccionado ante la disponibilidad no autorizada y por demás ilegal de sus diferentes productos. En vez de responder a su texto con un largo comentario que probablemente nadie leería (aunque definitivamente recomiendo darle una leída a la opinión vertida por Rodrigo Baeza en los comentarios del texto en cuestión), decidí darle seguimiento al tema en otra columna.

Personalmente mi experiencia con los comics descargados se limita a los últimos dos o tres años, así que supongo que primero que nada sería bueno aclarar algunos antecedentes. He leído comics por casi 28 años. Aprendí a leer con ellos, gracias a que en México existía un saludable mercado editorial al inicio de la década de los 1980s. Luego de una severa crisis económica y la desaparición de la gran mayoría de títulos publicados en español, regresé al mundo al mundo del comic a finales de esa década gracias al único título sobreviviente a la crisis, El Asombroso Hombre Araña, y a un título local que alcanzó niveles de culto en ese entonces.

La siguiente década vio lo que en México conocemos como el "Boom del Comic", un nuevo nivel de popularidad alcanzado por el medio que reflejaba algunos movimientos de la industria norteamericana, que también pasaba por una época de bonanza: la aparición de las "superestrellas" (Lee, McFarlane, Liefeld, Portaccio, etc.) y sus títulos que vendán centenares de miles de copias mes a mes; el éxito masivo de los megaeventos editoriales y, como punto más alto, la muerte de Superman y toda la atención mediática que ésta generó. Entre 1991 y 1992 aparecieron en México varias tiendas especializadas, las cuales ofrecían comics nuevos en inglés con apenas unos días de diferencia a su aparición en tiendas de los Estados Unidos. La economía controlada que prevalecía en México aseguraba un tipo de cambio irreal que permitía que los comics resultasen bastante baratos, a grado tal que mi lista de suscripción estaba compuesta en aquel entonces por unos treinta títulos regulares además de la ocasional compilación o miniserie.

La última semana de 1994 vio el colapso de la ficticia economía mexicana, con el tipo de cambio pasando de 3.5 pesos por dolar a 7-8 pesos por dolar. Obviamente eso provocó que mi lista de lecturas se viese reducida a la mitad casi de inmediato. Durante los siguientes años el tipo cambiario se fue deslizando hasta estabilizarse entre los 10 y 11 pesos por dolar, donde se mantiene desde hace unos cinco o seis años. Actualmente estoy suscrito a una docena de títulos mensuales más la ocasional miniserie o colección. Lo positivo del reajuste económico fue el aprender a ser más selectivo con mis lecturas y evitar caer en el coleccionar por inercia. Lo negativo fue que de la noche a la mañana ya no estaba al tanto de las novedades o del status quo de los principales títulos de Marvel y DC.

En un principio bastaba con preguntar a amigos o conocidos para hacerme una idea, pero pronto los intereses de la mayoría de ellos también empezaron a diversificarse. Entonces, a principios de 1998, me encontré con el internet y con ello tuve acceso al más grande repositorio de información del mundo. Sitios especializados había pocos, pero los foros de discusión y grupos de fans abundaban, así que una vez más podía mantenerme al corriente de las cosas sin desangrar demasiado mi economía. Tiempo después empezaron a circular rumores de una aplicación llamada C++ con la cual era posible intercambiar y compartir archivos entre grupos con gustos afines, incluyendo comics escaneados. Nunca ahondé demasiado en el asunto por las limitaciones de mi computadora de aquel entonces.

Pero el tiempo siguió corriendo y con el nuevas formas de usar la tecnología en beneficio del fandom. Sistemas de gestión de archivos como BitTorrent y toda clase de sitios que ofrecían discos duros virtuales facilitaron la creación de comictecas en línea. Ahora era posible descargar y leer prácticamente cualquier comic publicado por Marvel o DC Comics unos días después de su aparición en los estantes de las tiendas estadunidenses. En un principio ignoré por completo la idea, pues me bastaba con leer los títulos que compraba e informarme en los sitios habituales sobre los que no. Hasta que empezaron a aparecer títulos menos conocidos o historias antiguas que en su momento no pude leer, y fue entonces que me uní a los miles de fans alrededor del mundo que descargan comics para leer en la pantalla de sus computadoras.

Y es ahí donde viene el dilema moral. Descargar material protegido es ilegal, y afecta a la economía de las empresas dueñas del mismo, las cuales necesitan pagar los costos de producción, desde los salarios de los creativos involucrados hasta los gastos de publicidad, publicación y distribución pasando por todo lo que implica mantener andando una empresa. Si los costos de operación se elevan, el precio del producto lo hará también. Por ende, cuando existen miles de lectores que optan por leer los comics sin invertir un centavo en ellos, están provocando que el precio de estos se incremente, lo que a su vez causa que más lectores decidan dejar de comprar comics y prefieran descargarlos gratis de la red, creando un círculo vicioso que de ningún modo puede acabar bien para la industria.

Es cierto que la disponibilidad del material en línea puede servir a manera de promocional para apoyar las ventas de las ediciones físicas, pero también es un hecho que la facilidad y rapidez con que se puede acceder al material puede representar una tentación a la inversa. ¿Para qué pagar por algo que puedo leer gratis? La romántica idea de que los verdaderos fans siempre preferirán (emos) los comics impresos en papel no es nada más que eso, una idea romántica. Rich Johnston escribió hace un par de años en su columna Lying in the Gutters, publicada en ComicBookResources.com, una serie de datos sobre el estado de los comics disponibles en línea, señalando que el 72% de toda la producción histórica de Marvel Comics (estamos hablando de más de 60 años de producción editorial) estaba escaneada y lista para descargar, cifra que se elevaba hasta el 83% si se consideraba únicamente el Universo Marvel tradicional, en tanto que para DC las cifras eran ligeramente menores. Supongo que no hay razón alguna para pensar que en los últimos dos años haya ocurrido algo que contribuya a disminuir esas cifras y que incluso sería realista pensar que en la actualidad son más elevadas.

Johnston cerraba haciendo un llamado a las editoriales a trabajar en algún sistema para ofrecer su material de manera legal a un precio accesible antes de que fuera demasiado tarde. Y la respuesta tardó dos años en llegar, al menos parcialmente. Hace unos meses Marvel lanzó Marvel Digital Comics Unlimited, un servicio de suscripción que permite a los usuarios acceso a miles de comics de los archivos de la Casa de las Ideas. No se trata de descargas, pues funciona como un visor de comics dentro del navegador web. El servicio ofrece suscripiciones mensuales por 10 dólares o anuales por 60 dólares (US$5 por mes) sin límites de uso. Joe Quesada, Editor en Jefe de Marvel Comics, comentó su postura respecto a los comics digitales a finales del 2005:
"Mi generación y las anteriores descubrimos los comics en los estantes, los descubrimos en las tiendas y podíamos hallarlos como coleccionables marcados o tesoros sellados en mylar. Así es como yo los descubrí y por eso los prefiero de ese modo. Pero llegará un momento en que para algunos niños, la primera vez que lean un comic será en su computadora, o su teléfono o su PDA. Y para ellos eso será normal. Los fans siempre preguntan como podríamos bajar el precio de los comics, y esta pudiera ser la forma de hacerlo suceder. Sin costos de impresión, una mínima distribución y nada de embarques."
Evidentemente el servicio estaba en preparación desde entonces. Y sin embargo Quesada ya hablaba sobre las posibilidades del mundo digital para la industria del comic.
"Creo que los comics en este formato pudieran llegar a convertirse en algo como animaciones semanales que uno puede leer pero también ver. Los medios electrónicos están creciendo tan rápido que pronto será posible tomar el arte de John Romita y animarlo rápidamente hasta el punto en que los comics y sus historias lleguen al público como cortometrajes animados. Los comics necesitarán adaptarse a la próxima revolución mediática, así que esto solo representa otro paso en esa dirección."
Personalmente yo no veo tan cercano el día en que los comics dejen de ser arte secuencial, además de que, en mi muy personal opinión, dejarían de ser comics, pero me parece que Quesada mencionó algo muy importante: la necesidad de adaptación. La industria musical, los medios impresos (periódicos y revistas), y, en menor medida, la industria cinematográfica, están pasando por momentos difíciles porque su velocidad de respuesta ante la necesidad de adaptarse no fue la mejor. Los comics tienen un mercado y una audiencia más reducidos y prácticamente cautivos, lo que ha impedido que el impacto sea el mismo.

No sé si la respuesta de Marvel sea la más adecuada, pero me parece que se trata de un buen comienzo. Y creo que es importante para la industria que tenga éxito. Porque si resulta ser una alternativa viable otras editoriales, empezando por DC, seguirán su ejemplo. Porque su éxito comercial representaría alternativas en un mercado donde las variantes parecían agotadas. Porque se puede crear una audiencia totalmente nueva sin la molestia de rastrear una tienda de comics y/o sobrevivir la experiencia de visitar una por primera vez. Y porque los ingresos constantes pueden evitar que la industria decida embarcarse en una guerra para acabar con la distribución ilícita de su material, arriesgando en el proceso la continua existencia de un mercado en el mundo digital.

Recuerden que esperamos sus comentarios, opiniones quejas y sugerencias en el enlace correspondiente o en comicverso @ gmail.com

6 de febrero de 2008

11 - EeC- Los Piratas del Papel




por Esteban Pedreros

Hace algunas semanas o meses (ya no sé, el tiempo vuela), hizo noticia en el mundo del comic pirata la arremetida de parte de la industria por cerrar una de las mayores y mejores fuentes de torrents del universo conocido: Demonoid. Demonoid posaba como foro, pero en definitiva podías conseguir una variedad exquisita de torrents de comics viejos (y no tanto), que no mediando una billetera de proporciones pentagruélicas, quedan perdidos en monumentales bibliotecas privadas, o más triste aún, repartidas entre las colecciones de varios avezados comiqueros a lo largo y ancho del mundo.

De este párrafo introductorio podrán imaginar de qué lado del espectro de la discusión me sitúo.
Empecé a coleccionar comics por ahí por 1992 y en aquellos años, sólo podía seguir aquello que publicaba la editorial Argentina Perfil, luego lo que llegara desde España (Zinco), y más tarde la invasión de Editorial Vid. A pesar de estas posibilidades, como lector siempre resentí el limitado número de revistas que en definitiva podía probar para ver si me decidía a seguirlas mensualmente o no, pero además el hecho de que mis capacidades económicas no me permitían seguir tantas revistas como hubiese sido mi deseo. Diría que el verdadero Boom por encargar revistas desde los esteits, se produjo entre mis amigos y conocidos a partir de la proliferación de los scans de comics, que permiten estar al día con el desarrollo de las historias en USA (antes me dedicaba patéticamente a leer las descripciones del Previews y archivar las portadas publicadas por Marvel y DC). Hasta que no empecé a descargar comics, no sentí la necesidad de gastar dinero en ellos, me conformaba con algún TPB o algún encargo mayor cada ciertos meses, previa revisión incansable de centenares de reseñas en línea, por temor a que una decisión equivocada me hiciera perder 15 o 20 dólares en una revista que no fuese de mi agrado. Rechazaba la idea de seguir un comic mensualmente por ser una idea cara y poco práctica.

Creo que tanto la industria de la música como la del comic han sufrido con el pirateo y han decidido enfocar el problema desde la perspectiva incorrecta, claro que con algunas diferencias. La industria musical claramente se ha visto perjudicada con la aparición de los MP3s de libre distribución, sin embargo yo no me siento culpable, nunca antes llegué a conocer a tantos grupos como los que hoy conozco (invertir en un Disco era caro y riesgoso, hoy compro a la segura... sólo lo que me gusta), y de hecho gasto más en música que antes. No sé cómo realizan el cálculo de los perjuicios económicos, pero sería poco realista pensar que todos aquellos que descargan una canción habrían, de lo contrario, comprado el disco. La Industria musical necesita recortar gastos de todo lo que es la parafernalia anexa a la producción musical y que en definitiva poco interesa... es mil veces más efectivo tener una buena página web con canciones para descubrir a un grupo, que pegar cientos de afiches por toda la ciudad, que sólo le importan al que le importan (el que no conoce al cantante, no lo conocerá por ver un afiche).

Volviendo al tema que nos compete... me parece que el repunte que ha tenido la actividad comiquera en el último lustro sólo puede explicarse como consecuencia de la distribución de scans de comics entre los fans que no estaban muy dispuestos a gastar 3 dólares en un comic cada miércoles. Es de común ocurrencia que hoy un lector de comics virtuales, tras leer una historia de 6 partes, o alguna novela gráfica que lo impacte, decida invertir su dinero en una copia en papel a través de algunas de las tiendas que permiten importar productos desde el extranjero, sin embargo las grandes editoriales están inciando una ofensiva contra el pirateo, que ya tuvo como resultado la caida de dos "instituciones" del rubro como Demonoid y ZCult (ambos sitios de distribución de Torrents). Probablemente los próximos ataques se centren en otros sitios que ya todos conocemos, pero no les facilitaremos el trabajo a los censores nombrándolos.

Me parece ver en esta ofensiva la mano de la industria del cine, pareciera que el ya largo romance entre los comics y la taquilla cinematográfica, que ha resultado en la continua aparición de nuevos proyectos, ha convertido a los comics en una fuente de riqueza a través de su traslado hacia otros medios como el cine, la TV, juguetes y videojuegos. Me parece probable que la reciente cruzada contra el pirateo, que hasta hace algún tiempo parecía ser una práctica tolerada sin mayores problemas, tenga como objetivo proteger propiedades que generan millones de dólares en la taquilla y que ya condujeron a Marvel Comics desde la bancarrota al esplendor económico y a crear una productora cinematográfica que les permita maximizar las ganancia de un subproducto que genera muchísimas más ganancias que su fuente original.

Creo que la existencia de eventos y macrosagas, que tan cruelmente atacan el bolsillo de los coleccionistas compulsivos de comics (y que han engrosado las arcas de las grandes compañías), sólo es sustentable bajo el supuesto de que una porción de estas historias pueda seguirse gratuitamente. Por un lado considero ridículo gastar cientos de dólares en revistas sin mayor valor artístico, de hecho hace algún tiempo apareció un artículo por ahí que calculaba el costo de seguir íntegramente un evento Marvel o DC, en alrededor de 300 dólares por ocasión (allá usted si quiere gastarse su plata en eso), por el otro, resulta absolutamente imposible que todos los lectores puedan hacer semejantes inversiones, hay un grupo de profesionales exitosos que la hará más que todo por inercia, pero hay otro grupo que simplemente no puede, y que ante la encrucijada de leer una parte o leer nada, optará por leer cosas que no le demanden un consumo masivo e irracional de sus recursos (o renunciarán por completo al vicio).

Así sostengo que, al menos por ahora, la relación entre la industria comiquera y el pirateo de sus productos es de carácter simbiótico y no parasitario (como sí parece serlo en la industria musical), y la destrucción de todas las vias de acceso al material, sólo puede tener como resultado la contracción general del mercado. Urge por parte de las grandes compañías, encontrar mecanismos similares al iTunes (por ejemplo), para leer sus productos a precios reducidos (tal vez la masividad compense el menor precio), si el camino adoptado por la industria en la producción de megaeventos es uno sin vuelta atrás, es necesario facilitarle al lector el acceso al material que se le oferta bajo el carácter de "indispensable". Si se cierra la válvula de escape del engranaje económico comiquero, tal vez, ahora sí, se produzca una crisis de la cual la industria no pueda reponerse.


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4 de febrero de 2008

03 - FC - Road to Perdition



Por Alberto Calvo

Road to Perdition (Camino a la Perdición) es una película dirigida por Sam Mendes, el realizador de la exitosa y multipremiada American Beauty (Belleza Americana) y protagonizada por Tom Hanks, Paul Newman, Jude Law, Daniel Craig y Stanley Tucci. Estrenada en el 2002, la película está basada en la novela gráfica del mismo nombre escrita por Max Alan Collins e ilustrada por Richard Piers Rayner, publicada por Paradox Press en 1998.

Collins es un afamado escritor de misterio y detectives, relacionado con los comics desde hace casi 30 años pero más enfocado a su carrera como autor de prosa. Escritor de las tiras cómicas de Dick Tracy desde el retiro de Chester Gould, Collins fue poco a poco haciéndose de una reputación en el medio, siendo tal vez los puntos más altos de su carrera en los comics su periodo como escritor regular de Batman, entre 1987 y 1988, y la aparición de Road to Perdition, diez años después.


Road to Perdition cuenta la historia de Michael Sullivan, un matón de la mafia durante los años de la prohibición, cuya familia es asesinada por su propio jefe luego de que el mayor de sus dos hijos presenciara una ejecución. Sullivan sobrevive el ataque a su casa y junto con su hijo emprende la huída de quien alguna vez fuera su empleador, John Rooney, al tiempo que desata una guerra personal tratando de vengar la muerte de su familia. El personaje de Rooney está basado en el mafioso de la vida real, John Looney, cuyo nombre fue cambiado únicamente para la versión fílmica de la historia.

Collins ha reconocido en diversas ocasiones que la novela fue escrita como un homenaje al legendario manga Kozure Okami, conocido en occidente como Lone Wolf and Cub, obra de Kazuo Koike y Goseki Kojima -la cual también ha sido llevada al cine y podría ser tema para una futura entrega de ésta columna ahora que la censura al manga ha sido retirada por nuestro amado dict... editor-, pero afirma que la principal inspiración para escribir la historia fue un hecho de la vida real, pues Looney realmente traicionó a uno de sus matones y provocó un conflicto en el bajo mundo de Chicago.

La película de Mendes difiere en varios aspectos de la novela gráfica. Además del cambio de nombre de la familia Looney por Rooney, se crea un personaje adicional, Harlen Maguire (interpretado por Jude Law) para que sirva como contraparte a Sullivan (Tom Hanks), y aún cuando la interpretación de Law es sobresaliente, la existencia de su personaje altera de gran manera el tono de la historia. Maguire tiene la costumbre de retratar a sus víctimas instantes después de matarlas y colecciona las fotos. Esa peculiar actividad me recuerda al personaje que interpretó Wes Bentley en American Beauty, donde utilizaba una videocámara para registrar esa clase de "momentos especiales".

Luego del éxito comercial y de crítica de obtenido por la película, Collins escribió On the Road to Perdition, una miniserie de tres partes que llena algunos de los huecos dentro de la historia original. Posteriormente publicó también tres secuelas a la historia, aunque ninguna de ellas recibió el aclamo de la crítica ni la aceptación de los fans, por lo que es muy poco probable que pudiesen realizarse adaptaciones a la pantalla de alguna de ellas.

Personalmente prefiero la novela gráfica por encima de la película, pues ésta se siente demasiado lenta y a veces incluso aburrida. Me parece que la selección de Hanks para el protagónico fue un error, pues Michael Sullivan es un personaje que poco o nada tiene que ver con los papeles que Hanks acostumbra tomar. Tengo entendido que muchas de las escenas más violentas de la película fueron eliminadas o suavizadas a petición de Hanks y de Conrad Hall, el cinematógrafo de la película, pues ambos sienten un peculiar desagrado por la violencia, pero ninguna de esas escenas parece haber sido reemplazada por alguna escena de peso emocional que impidiese que la película perdiera fuerza. El tema de padres e hijos tiene un papel muy importante en la historia, pero es manejado de una manera muy superficial y estática.

Visualmente no existe queja alguna. El trabajo de fotografía para recrear el ambiente de la época es extraordinario. Mendes tiene un gran talento para realizar una composición que resulta evocativa y muy atractiva a la vista, pero no tiene la habilidad para usar ese talento como una herramienta narrativa, lo que resulta en el ritmo semilento de la película. Las actuaciones, fuera de Hanks, son impecables. Newman ofrece uno de sus trabajos más sobrios mientras que Jude Law y Daniel Craig, quien interpreta a Connor, el psicótico hijo de Rooney, hacen desear al espectador que Sullivan hubiese sido interpretado por algún actor a la altura de sus co-protagonistas.

Resumiendo, Road to Perdition es una muy buena historia de mafiosos, donde las relaciones de familia y el honor juegan un papel muy importante. Yo prefiero la novela gráfica, pero invito a todos a que la lean, vean la película y formen su propia opinión. Y si les gusta o no, o tienen algo que compartir y están de humor para discutir el tema, ¿por qué no lo hacemos en la sección de comentarios?

1 de febrero de 2008

10 - EeC - Redenciones




por Esteban Pedreros

Hola muchachos y damas presentes. Cómo están, hace tiempo que no nos leíamos...

¿Qué dicen, les explico por qué me ausente por tanto tiempo de éste Blog? ... ah, no les interesa. Que bueno, por que me da flojera explicarles.

Hace un tiempo conversaba con un amigo comiquero a través del Chat de Gmail y le comentaba que había disfrutado bastante la saga "Sinestro Corps", recientemente concluida en las series de Green Lantern... ¿a qué viene ésto? Al igual que John y Alberto experimenté cierta fatiga en la lectura constante de comics y derechamente dejé de leerlos por un par de meses, de hecho junté los comics que colecciono en una caja de zapatos y varios de ellos aún esperan ver la luz del Sol (o de la ampolleta).

Tanto Marvel como DC se encuentran desarrollando en la actualidad varios proyectos de crossovers entre sus títulos, explotando la idea de desarrollar un Universo cohesionado, es decir, obligándolo a uno a leer comics que habitualmente ignoraría. Esto ha significado un repunte en las ventas de comics en general en el mercado gringo, en lo que temo es simplemente un recalentamiento económico (si saben de economía, esto equivale a un recorte de tasa de interés del 100%), eventualmente condenado, si no al fracaso, al menos a la descontinuación de la eventomanía que nos sacude, porque en definitiva se debe simplemente a que los mismos lectores de siempre están gastando más, no a la llegada de nuevos consumidores (en un mercado, que desarrolla una curva demográfica tipo campana, al estilo de la población europea). Un autor que seguía hasta hace algunos años, pero que cayó en desgracia (para mi), tras estos eventos (Infinite Crisis), fue Geoff Johns. Con el paso de los meses creo que la acumulación de responsabilidades editoriales, el saber o manejar el destino de varios personajes teminó por (en mi opinión) agotarlo creativamente y lo llevó a producir comics de manera muy mecánica... tras el pozo creativo en el que cayó Flash (sigo con las subjetividades, no se ofendan) y la mediocridad de Infinite Crisis, comprenderám que no estaba en lo absoluto emocionado con lo que pudiera pasar en los "Sinestro Corps".

Mi amigo (el del chat), me comentaba que la buena recepción que tuvo la historia probablemente se debía a su carácter autocontenido, algo en lo que estoy bastante de acuerdo. Obviando el hecho de que una apreciable porción de las ventas de comics se debe simplemente a la expectativa de segunda venta que tienen los dueños de la Comiquerias que hacen los encargos, pareciera haber un grave desencuentro entre el gusto del lector de comics tradicional, y el mucho más elitista lector de comics que participa en foros de internet y que consume tal vez otra clase de productos. Para muestra un botón: mi amigo consume principalmente tomos que reimprimen series de los años 60' y 70' y muchas revistas de información de comics, pero aún no lee "Sinestro Corps", y "52" creo que la leyó de corrido algunos meses después de su conslusión, con más afán de análisis que de entretenimiento. Mi caso, no se parece demasiado... por años he leido casi todo lo que puedo encontrar de DC, y tras las historias de los años 2005 a 2007 me saturé al punto de abandonar casi todo el material de la compañía en beneficio de algunas editoriales independientes, aunque sin alejarme demasiado del "Mainstream". Pareciera que el forzar la inclusión de varios títulos en el desarrollo de una misma historia, es algo que una porción de los lectores disfruta con independencia del contenido de la historia, les emociona simplemente el ver a los personajes interrelacionarse y participar de una misma aventura; otra parte de los lectores, los que parecen ser una muy locuaz y vehemente minoría, se sienten frustrados por la alteración del status quo de sus personajes favoritos, en pos de historias que a priori no parecen justificar los cambios ("one more day"), añoran historias que ya no se escriben, o despotrican contra los estilos narrativos modernos (la descompresión).

Desde mi perspectiva la autocontención de "Sinestro Corps", beneficia más que al seguimiento por parte de sus lectores (gran parte de los cuales, en realidad no invierten un solo peso en estas revistas, sólo las descargan), a la elaboración creativa del proyecto. No hay que coordinar varias series, no hay que darle "partes" a personajes que no tienen mucho que ver (o que no le interesan al escritor), no hay que esperar hasta que el desarrollo de otro título esté al día con el propio, ni preocuparse de que todos cumplan los plazos de entrega. La solidez que emerge en el desarrollo de la trama al no tener que satisfacer a Moros y Cristianos, hace mucho más disfrutable cualquier proyecto, y es lo que desde mi punto de vista le dio a los "Sinestro Corps", esa intensidad de desarrollo que suple con holgura algunas deficiencias del guión, donde me parece que el gran "pero" que emerge, es saber si en definitiva la creación de un arco iris de Linternas será una buena idea o no (mi impresión personal es que se abrió la caja de Pandora). Las deficiencias de Johns como escritor, desde mi punto de vista, pasan por la ocasional falta de sintonía entre la grandilocuencia de las imágenes, y la pobreza del texto, pero como moneda de cambio, existe un indudable entusiasmo y apasionamiento por el material que escribe, lo que logra imbuir de vida el desarrollo de las historias.


"Sinestro Corps", fue para mi no sólo la lectura de una historia entretenida, sino el reencuentro con un autor al que puse en la "lista negra", tras las constantes frustraciones que me provocaron las historias que desarrolló más o menos desde mediados del 2004, aunque en lo personal podrían ser un poco anteriores y las fecho en la aparición del #200 de Flash (el término de "Blitz"). A futuro Johns anuncia la aparición de "The Blackest Night" (en el verano/invierno del 2009. Al parecer no abandonará Green Lantern en un buen tiempo), y una miniserie dedicada a los villanos de Flash (serie que nuevamente cambió de manos, con la partida de Mark Waid y la llegada de Tom Peyer), lo que suena prometedor, porque marca el reencuentro con la dupla creativa con la que (en mi opinión), alcanzó su mejor y mayor desarrollo creativo: Scott Kolins.




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