Por Alberto Calvo
Hace unos días apareció la
más reciente entrega de
En el Confesionario, la columna de
Esteban aquí en
Comicverso. En ella reflexiona un poco acerca del estado de la industria en términos de su presencia en línea y de la forma en que las principales editoriales han reaccionado ante la disponibilidad no autorizada y por demás ilegal de sus diferentes productos. En vez de responder a su texto con un largo comentario que probablemente nadie leería (aunque definitivamente recomiendo darle una leída a la
opinión vertida por Rodrigo Baeza en los comentarios del texto en cuestión), decidí darle seguimiento al tema en otra columna.
Personalmente mi experiencia con los comics descargados se limita a los últimos dos o tres años, así que supongo que primero que nada sería bueno aclarar algunos antecedentes. He leído comics por casi 28 años. Aprendí a leer con ellos, gracias a que en México existía un saludable mercado editorial al inicio de la década de los 1980s. Luego de una severa crisis económica y la desaparición de la gran mayoría de títulos publicados en español, regresé al mundo al mundo del comic a finales de esa década gracias al único título sobreviviente a la crisis,
El Asombroso Hombre Araña, y a un título local que alcanzó niveles de culto en ese entonces.

La siguiente década vio lo que en México conocemos como el "Boom del Comic", un nuevo nivel de popularidad alcanzado por el medio que reflejaba algunos movimientos de la industria norteamericana, que también pasaba por una época de bonanza: la aparición de las "superestrellas" (
Lee, McFarlane, Liefeld, Portaccio, etc.) y sus títulos que vendán centenares de miles de copias mes a mes; el éxito masivo de los megaeventos editoriales y, como punto más alto, la muerte de
Superman y toda la atención mediática que ésta generó. Entre 1991 y 1992 aparecieron en México varias tiendas especializadas, las cuales ofrecían comics nuevos en inglés con apenas unos días de diferencia a su aparición en tiendas de los Estados Unidos. La economía controlada que prevalecía en México aseguraba un tipo de cambio irreal que permitía que los comics resultasen bastante baratos, a grado tal que mi lista de suscripción estaba compuesta en aquel entonces por unos treinta títulos regulares además de la ocasional compilación o miniserie.
La última semana de 1994 vio el colapso de la ficticia economía mexicana, con el tipo de cambio pasando de 3.5 pesos por dolar a 7-8 pesos por dolar. Obviamente eso provocó que mi lista de lecturas se viese reducida a la mitad casi de inmediato. Durante los siguientes años el tipo cambiario se fue deslizando hasta estabilizarse entre los 10 y 11 pesos por dolar, donde se mantiene desde hace unos cinco o seis años. Actualmente estoy suscrito a una docena de títulos mensuales más la ocasional miniserie o colección. Lo positivo del reajuste económico fue el aprender a ser más selectivo con mis lecturas y evitar caer en el coleccionar por inercia. Lo negativo fue que de la noche a la mañana ya no estaba al tanto de las novedades o del status quo de los principales títulos de
Marvel y
DC.

En un principio bastaba con preguntar a amigos o conocidos para hacerme una idea, pero pronto los intereses de la mayoría de ellos también empezaron a diversificarse. Entonces, a principios de 1998, me encontré con el internet y con ello tuve acceso al más grande repositorio de información del mundo. Sitios especializados había pocos, pero los foros de discusión y grupos de fans abundaban, así que una vez más podía mantenerme al corriente de las cosas sin desangrar demasiado mi economía. Tiempo después empezaron a circular rumores de una aplicación llamada
C++ con la cual era posible intercambiar y compartir archivos entre grupos con gustos afines, incluyendo comics escaneados. Nunca ahondé demasiado en el asunto por las limitaciones de mi computadora de aquel entonces.
Pero el tiempo siguió corriendo y con el nuevas formas de usar la tecnología en beneficio del fandom. Sistemas de gestión de archivos como
BitTorrent y toda clase de sitios que ofrecían discos duros virtuales facilitaron la creación de comictecas en línea. Ahora era posible descargar y leer prácticamente cualquier comic publicado por
Marvel o
DC Comics unos días después de su aparición en los estantes de las tiendas estadunidenses. En un principio ignoré por completo la idea, pues me bastaba con leer los títulos que compraba e informarme en los sitios habituales sobre los que no. Hasta que empezaron a aparecer títulos menos conocidos o historias antiguas que en su momento no pude leer, y fue entonces que me uní a los miles de fans alrededor del mundo que descargan comics para leer en la pantalla de sus computadoras.

Y es ahí donde viene el dilema moral. Descargar material protegido es ilegal, y afecta a la economía de las empresas dueñas del mismo, las cuales necesitan pagar los costos de producción, desde los salarios de los creativos involucrados hasta los gastos de publicidad, publicación y distribución pasando por todo lo que implica mantener andando una empresa. Si los costos de operación se elevan, el precio del producto lo hará también. Por ende, cuando existen miles de lectores que optan por leer los comics sin invertir un centavo en ellos, están provocando que el precio de estos se incremente, lo que a su vez causa que más lectores decidan dejar de comprar comics y prefieran descargarlos gratis de la red, creando un círculo vicioso que de ningún modo puede acabar bien para la industria.
Es cierto que la disponibilidad del material en línea puede servir a manera de promocional para apoyar las ventas de las ediciones físicas, pero también es un hecho que la facilidad y rapidez con que se puede acceder al material puede representar una tentación a la inversa. ¿Para qué pagar por algo que puedo leer gratis? La romántica idea de que los verdaderos fans siempre preferirán (emos) los comics impresos en papel no es nada más que eso, una idea romántica.
Rich Johnston escribió hace un par de años en su columna
Lying in the Gutters, publicada en
ComicBookResources.com, una serie de datos sobre el estado de los comics disponibles en línea, señalando que el 72% de toda la producción histórica de
Marvel Comics (estamos hablando de más de 60 años de producción editorial) estaba escaneada y lista para descargar, cifra que se elevaba hasta el 83% si se consideraba únicamente el Universo Marvel tradicional, en tanto que para
DC las cifras eran ligeramente menores. Supongo que no hay razón alguna para pensar que en los últimos dos años haya ocurrido algo que contribuya a disminuir esas cifras y que incluso sería realista pensar que en la actualidad son más elevadas.
Johnston cerraba haciendo un llamado a las editoriales a trabajar en algún sistema para ofrecer su material de manera legal a un precio accesible antes de que fuera demasiado tarde. Y la respuesta tardó dos años en llegar, al menos parcialmente. Hace unos meses
Marvel lanzó
Marvel Digital Comics Unlimited, un servicio de suscripción que permite a los usuarios acceso a miles de comics de los archivos de la
Casa de las Ideas. No se trata de descargas, pues funciona como un visor de comics dentro del navegador web. El servicio ofrece suscripiciones mensuales por 10 dólares o anuales por 60 dólares (US$5 por mes) sin límites de uso.
Joe Quesada, Editor en Jefe de
Marvel Comics,
comentó su postura respecto a los comics digitales a finales del 2005:
"Mi generación y las anteriores descubrimos los comics en los estantes, los descubrimos en las tiendas y podíamos hallarlos como coleccionables marcados o tesoros sellados en mylar. Así es como yo los descubrí y por eso los prefiero de ese modo. Pero llegará un momento en que para algunos niños, la primera vez que lean un comic será en su computadora, o su teléfono o su PDA. Y para ellos eso será normal. Los fans siempre preguntan como podríamos bajar el precio de los comics, y esta pudiera ser la forma de hacerlo suceder. Sin costos de impresión, una mínima distribución y nada de embarques."
Evidentemente el servicio estaba en preparación desde entonces. Y sin embargo Quesada ya hablaba sobre las posibilidades del mundo digital para la industria del comic.
"Creo que los comics en este formato pudieran llegar a convertirse en algo como animaciones semanales que uno puede leer pero también ver. Los medios electrónicos están creciendo tan rápido que pronto será posible tomar el arte de John Romita y animarlo rápidamente hasta el punto en que los comics y sus historias lleguen al público como cortometrajes animados. Los comics necesitarán adaptarse a la próxima revolución mediática, así que esto solo representa otro paso en esa dirección."

Personalmente yo no veo tan cercano el día en que los comics dejen de ser arte secuencial, además de que, en mi muy personal opinión, dejarían de ser comics, pero me parece que
Quesada mencionó algo muy importante: la necesidad de adaptación. La industria musical, los medios impresos (periódicos y revistas), y, en menor medida, la industria cinematográfica, están pasando por momentos difíciles porque su velocidad de respuesta ante la necesidad de adaptarse no fue la mejor. Los comics tienen un mercado y una audiencia más reducidos y prácticamente cautivos, lo que ha impedido que el impacto sea el mismo.
No sé si la respuesta de
Marvel sea la más adecuada, pero me parece que se trata de un buen comienzo. Y creo que es importante para la industria que tenga éxito. Porque si resulta ser una alternativa viable otras editoriales, empezando por
DC, seguirán su ejemplo. Porque su éxito comercial representaría alternativas en un mercado donde las variantes parecían agotadas. Porque se puede crear una audiencia totalmente nueva sin la molestia de rastrear una tienda de comics y/o sobrevivir la experiencia de visitar una por primera vez. Y porque los ingresos constantes pueden evitar que la industria decida embarcarse en una guerra para acabar con la distribución ilícita de su material, arriesgando en el proceso la continua existencia de un mercado en el mundo digital.
Recuerden que esperamos sus comentarios, opiniones quejas y sugerencias en el enlace correspondiente o en comicverso @ gmail.com
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