Por Alberto Calvo
El tema de esta columna surgió como una egoísta necesidad de responder de algún modo a un artículo aparecido en un fanzine de comics publicado en la ciudad de México, en el cual, de un modo que no puedo describir de otra forma que no sea irresponsable y poco objetivo, el autor procede a lanzar un infantil ataque en contra del medio, argumentando que la existencia de los llamados comics "para lectores maduros" no es más que una prueba más de que se trata de un medio infantil con delirios de madurez.
Conozco al autor del texto, y contrario a lo que se pudiera pensar por las afirmaciones siguientes, es un buen tipo, inteligente y capaz de sostener una buena conversación sobre cualquier variedad de temas. Ignoro si estoy en libertad de revelar su nombre, así que utilizaré para referirme a él el nick que utiliza al escribir para Secuencial, el mencionado fanzine. El Capitán Frío asevera que los comics para lectores maduros no son otra cosa que un empaque pedante y políticamente correcto para poder vender en librerías y locales respetables los com..., perdón, las novelas gráficas que en las tiendas especializadas o en los puestos de revistas no recibirían un trato muy distinto al de los comics para adultos pues, según él, lo único que distingue a los títulos etiquetados como "para lectores maduros", es el libre uso de violencia, lenguaje soez y situaciones sexuales más o menos explícitas, condiciones no tan comunes en la mayoría de los títulos del mainstream.
Semejante afirmación me parece, más que irresponsable, tonta, pues de un porrazo termina por emparejar trabajos que nada tienen que ver entre si, incluso dentro de un mismo género. Ahora resulta que, por ejemplo, es lo mismo leer el Swamp Thing de Alan Moore que el Faust de David Quinn y Tim Vigil. O, para darle un enfoque más global, títulos como Neon Genesis Evangelion o FLCL de Studio Gainax, son exactamente iguales a cualquier título hentai disponible en el mercado, o cualquier Sensacional de Vecindades (ignoro si exista tal título, pero me refiero de manera genérica a las pseudo-historietas de bolsillo que abundan en los puestos de periódicos mexicanos) puede equipararse a obras como The Building o A Contract with God, de Will Eisner.Al principio de su texto menciona que comentó el tema con un psicólogo, quien categóricamente declaró que quienquiera que lea comics no puede ser considerado como una persona madura. Dudo que en realidad sea necesario un título profesional para hacer una declaración tan absurda y carente de fundamentos, aunque definitivamente ayuda a dimensionarla de otra manera, rayando en lo ridículo y preguntándose que clase de institución educativa ofrece esa preparación a sus estudiantes, pues supongo que bajo las mismas bases pudiésemos afirmar que quienquiera que vea televisión, asista al cine o lea revistas y utilice internet también debe ser considerado como inmaduro. La única explicación que puedo hallar es que este "psicólogo" haya cometido el ya típico error de entender automáticamente "comic" como sinónimo de "superhéroes", saltando inmediatamente a un diagnóstico de escapismo y fantasías de poder adolescente.
Pero basta de referencias a un artículo que probablemente nadie en este blog, o de cualquier otro rincón del ciberespacio leerá jamás (a menos claro, que los editores de Secuencial decidan poner sus contenidos en línea para alcanzar un mayor número de lectores) y adentrémonos en otro de mis subjetivos textos, que al fin y al cabo por eso escribo esto en una columna y no en un artículo, lo que me parece me obligaría a actuar de manera más objetiva. Primero que nada, ¿Qué es una novela gráfica? y ¿En qué se diferencia de un comic? Ignoro si exista una respuesta que se pueda calificar como correcta o por lo menos atinada, pues hay muchas condiciones que he visto listadas en diferentes partes como requisitos para considerar a una obra de narrativa secuencial como una novela gráfica, entre ellos:
- Que sea publicada en un formato e impresión de lujo, habitualmente con tapa dura.
- Que haya sido realizada por un único autor o bien por un grupo de ellos, pero que se trate de gente de prestigio.
- Que en su contenido y ejecución sean evidentes las pretensiones literarias y de gran calidad de parte de los autores.
- Que se trate de una única historia, larga y compleja.
- Que esté destinada a un público adulto o maduro.
Y de ese modo ni siquiera quedan excluídas las series tradicionales sobre superhéroes, pues suelen reimprimirse en tomos unitarios aquellos arcos argumentales que cuentan una historia completa, lo que me parece el equivalente a las viejas novelas que aparecían originalmente serializadas en revistas o antologías. En realidad me parece que el término tiene más utilidad como herramienta mercadológica que para ayudar o promover de algún modo al medio en general. Para mi no debiera existir ninguna diferencia entre comic y novela gráfica, salvo por la posibilidad de usar el primero como un término para identificar a una historia completa, sin importar el género o la extensión de la misma.
En cuanto a la parte que me llevó a escribir este texto, la etiqueta en portada de "lectores maduros", la veo como la consecuencia natural de la forma en que las grandes editoriales han buscado protegerse las espaldas desde la infame cacería de brujas que el senador McCarthy realizara en contra del medio. De las audiencias de esa época surgió la Comic Code Authority, un mecanismo de autocensura que durante décadas se encargó de regular el contenido de los comics. Poco a poco el organismo fue cayendo en el olvido y las editoriales dejaron de utilizar su sello en las portadas de sus publicaciones, pero en una sociedad tan volátil y propensa a tomar acciones legales por cualquier motivo contra cualquier cosa, me parece perfectamente natural que se buscara un equivalente a las etiquetas de "Parental Warning" que se utilizan en los CDs musicales o la gradación usada para catalogar las películas en cine y video. A mi juicio se trata de una herramienta precautoria que busca informar al consumidor sobre el contenido y no de un modo de reivindicar al medio afirmando su madurez.
Personalmente, nunca me ha preocupado buscar si los títulos que compro contienen alguna leyenda o advertencia sobre la naturaleza de su contenido. Si la premisa de la historia y el arte me parecen atractivos, lo compro. Y respecto a la elección del término "lectores maduros" en lugar de algo más simple y/o menos pretencioso, supongo que se debe a que "para adultos" o "para mayores de edad" suelen ser términos asociados precisamente con la clase de material que el buen Capitán Frío erroneamente confundió con comics para lectores maduros.