1 de junio de 2007

18 - PPC - Comics y adaptaciones




Por Alberto Calvo

En columnas pasadas he dedicado varias líneas a hablar de diferentes aspectos de las adaptaciones de comics a otros medios, así que consideremos esta entrega como una continuación de esa serie de textos, los cuales, si se los perdieron, pueden leer siguiendo los enlaces al final de este texto. Esta vez quisiera concentrarme en un aspecto importante de estas películas y el cual tiene que ver básicamente con la adaptación e interpretación de las historias originales para la pantalla.

Se podría decir que este año se dio el banderazo de salida a la temporada de verano (que para fines de cine comprende desde mediados de abril hasta mediados de agosto y es el periodo favorito de los grandes estudios para estrenar sus cartas fuertes) con el estreno de 300, la espectacular adaptación de la novela gráfica de Frank Miller que dirigiera Zack Snyder. Después vino la palomerísima Ghost Rider, más recientemente Spider-Man 3, y aún nos quedan pendientes para los próximos meses Fantastic Four: Rise of the Silver Surfer y Stardust para completar nuestra ración anual de comics en el cine. No dedicamos espacio en Comic Verso a reseñar 300 o Ghost Rider, pero si les interesa pueden leer mis reseñas, además de un extenso comentario sobre Spider-Man 3 haciendo click sobre los títulos.

Y si menciono esas películas en particular es: uno, porque están basadas en comics y dos, por la variedad de comentarios y opiniones que se puede hallar sobre ellas en la blogósfera y en otras esquinas del ciberespacio, las cuales fueron la motivación principal para escribir este texto debido a la percepción que el comic fandom parece tener de ellas, además de que siento que ejemplifican perfectamente el punto al que quiero llegar. Pero vamos por partes...

300

Lo sorprendente de esta película es la forma en que traspasó los límites de la cultura comiquera y se convirtió en tópico de conversación en foros de diferentes temáticas, de entre los que se destacaron los de política. Aparentemente algunas figuras públicas de la derecha conservadora estadounidense empezaron a recomendar la película argumentando que era una buena representación de algunos de sus ideales: una férrea estructura social donde los hombres mandan y cada quien conoce su lugar, un cuerpo militar elitista y eficiente y una superioridad moral sobre todos sus vecinos. Además, según ellos, también representa la justificación de la continua presencia militar de los americanos en Medio Oriente como parte de la necesidad de mantener a raya a las naciones asiáticas.

Esto llevó a que los grupos políticos de ideas más liberales o de izquierda descalificaran a la película tachándola de “oda a la guerra”, “propaganda militarista”, “exaltación de la cultura totalitaria”, “fascista”, “aspiracionalmente nazi”, y demás consignas similares. Y la verdad es que todos podrían presentar argumentos suficientes para respaldar sus afirmaciones, sin que ello quiera decir que Frank Miller o Zack Snyder hayan pretendido insertar ninguno de esos mensajes en su trabajo. De hecho, me atrevería a afirmar que 300 es demasiado simple y poco profunda como para poder albergar un trasfondo tan complejo.

Creo que se trata de una muestra más de las forma en que el arte (y con arte me refiero a todo modo de expresión creativa), en cualquier medio, interactúa con su audiencia para crear un todo. Todo trabajo creativo debe considerarse como subjetivo, pues en principio nos presenta la visión del autor de cualquier tema o asunto. Subjetiva es también la forma en que esa visión es evaluada o valorada por su audiencia, quienes pueden interpretar de diversa manera el trabajo expuesto a su consideración e incluso ver en él cosas que el autor nunca contempló. A fin de cuentas, cada quien ve lo que quiere ver.

Ghost Rider

Este es un ejemplo completamente diferente de adaptación al que fue 300. Allá, Snyder buscó ser lo más fiel posible a la obra original, aún a riesgo de perder realismo o congruencia. Cuando lo cuestionaban sobre por qué hacía ver las secuencias de combate tan “bonitas” y poco realistas, él respondió que no estaba trabajando en una recreación históricamente fiel de la batalla de las Termópilas, sino en una adaptación de la novela gráfica de Frank Miller. En cambio, para Ghost Rider, podríamos pensar que el estudio utilizó los cómics del personaje como un repositorio del cual tomar nombres, diseños, y una que otra idea argumental para hacer su propia versión del personaje.

Creo que esta es la forma más común en que los estudios hollywoodenses trabajan cuando adquieren los derechos de casi cualquier comic (y me imagino que el proceso debe ser similar para adaptar una novela en prosa). Se toma al material de origen como un punto de partida para desarrollar un proyecto cinematográfico que vaya acorde a las expectativas e ideología del estudio, donde la principal consideración a la hora de tomar decisiones es buscar complacer a la potencial audiencia en salas de cine o a los eventuales compradores del DVD, y no a los fans de hueso colorado del comic, sin importar si tienen o no todos y cada uno de los comics donde aparece su personaje favorito. La cual me parece una postura válida, pues si están invirtiendo 50, 80 o 100 millones de dólares para hacer una película, no pueden estar esperanzados a que algunos miles de recalcitrantes fans del comic en cuestión vayan a ver la película las suficientes veces como para recuperar su inversión.

Spider-man 3

Aquí podemos toparnos con algunos tópicos que pueden llevar a una discusión (lo que por cierto, me encantaría), pues dudo que podamos alcanzar algún consenso sobre qué hace a una adaptación buena o hasta donde debe ésta ser fiel al material de origen. Así que aquí voy:

Spider-man 3 es una de las mejores adaptaciones de comic al cine que he visto en mi vida.

Imagino que en este momento algunos lectores deben pensar que me he vuelto loco. ¿Cómo podría ser de las mejores si todo está mal? El traje negro no es como debería ser, no lo consiguió en el mundo del Beyonder, Eddie Brock está muy flaco y debería ser periodista, no fotógrafo. Venom no enseña la lengua. El traje de Harry no parece disfraz de duende. Gwen no es novia de Peter (y tampoco aparece Flash Thompson). Sandman no tuvo nada que ver con la muerte del Tío Ben, etc. Lo sé. He leído comics de Spiderman desde hace casi treinta años y recuerdo historias que muchos lectores de comics o fans del personaje ni siquiera saben que existen. Estoy consciente de las diferencias entre la historia que crecí leyendo y la que Sam Raimi le ha mostrado al mundo. Aún así sostengo mi afirmación anterior.

¿Por qué? Palabra clave: adaptación. Desde el estreno de la primera película mencioné que me parecía excelente el modo en que se había ajustado el origen del personaje a fin de recrear su mundo de una manera que no se viera demasiado tonta o simple, como probablemente hubiese ocurrido si se hubiera sido más fiel al trabajo de Stan Lee y Steve Ditko. Si una araña irradiada hubiese mordido a Peter, seguramente habría muerto de envenenamiento radioactivo, y si Peter fuese capaz de crear en su laboratorio casero la compleja sustancia que es su telaraña podría haber registrado la patente y venderle licencias a 3M o Dupont sin tener que preocuparse por trabajar. Esos detalles carecen de importancia al trasladar una historia a un medio narrativo diferente. Lo importante son los personajes y la forma en que estos son construidos para desenvolverse en otro medio.

Y ahí es donde me parece que radica el genio de Sam Raimi. Independientemente de si Peter tiene puesta o no su máscara, es innegable que se trata de la persona que aprendí a conocer hace tantos años. Tímido, serio, responsable. Un buen tipo, de quien se puede esperar cualquier sacrificio en nombre de hacer lo correcto. Su vida laboral puede ser imperfecta y su doble vida ser caótica a causa de sus decisiones, pero nunca tomará la ruta fácil si ello implica traicionar los principios éticos y morales que le inculcaron sus tíos. Lograr que un personaje al que hemos visto en pantalla apenas seis horas pueda emular de manera tan eficaz al construído en años de comics es toda una hazaña, y como tal debe reconocerse el mérito de Sam Raimi y sus colaboradores. En menor medida pero no por eso menos importante, su trabajo con los demás personajes es igualmente digno de admiración. Mary Jane es una mujer sexy y con aspiraciones de ser una estrella, pero en el fondo sigue siendo la chica insegura que teme por sobre todas las cosas al rechazo. Harry es rico y lo tiene todo, excepto el amor y respeto de su padre, cuyo fantasma lo persigue aún después de muerto, y el único refugio para la carga de vivir solo con ese peso invisible son sus amigos. Y así sucesivamente, todos y cada uno de los personajes que aparecen en pantalla, sin importar los cambios o diferencias que pueda haber en su pasado, conservan las cualidades distintivas de su contraparte de papel.

Entonces, ¿qué hace buena a una adaptación? En mi opinión, lo más importante es que respete la esencia de su material de origen, sin importar si la historia resultante está apegada al canon impuesto por los cómics o no. Una buena adaptación es aquella donde el personaje puede aparecer solo unos momentos en la pantalla, y aún así dejar al espectador con la sensación de que acaba de ver a un viejo conocido, donde no importa la situación en que se encuentre el personaje, uno pueda sentirse confiado en que su respuesta será la que esperaríamos de él, en fin. Una buena adaptación es la cuenta una buena historia sin alienar a quienes no conozcan el material de origen.

Y en cuanto a quienes insisten en protestar porque las películas no son sus comics filmados, creo que tienen dos posibilidades. Salir y enfrentar, o mejor aún, integrarse al mundo exterior, o bien, poner una lámpara de bajo consumo en su closet para no dañarse la vista mientras repasan su pequeño mundo cuadrado.


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3 comentarios:

Esteban Pedreros dijo...

Vamos por partes:

Aún no veo 300, me afectó la crítica política de la cinta y si bien la considero exagerada, a la vez la discusión me parece relevante.

Veamos...

- Creo que Frank Miller ha expresado en más de una ocasión ser un tipo con ideas políticas ultraconservadores, en especial tras la destrucción de las Torres Gemelas, creo que cuando finalmente aparezca el especial en que Batman va tras Osama, veremos un panfleto de los "halcones", en forma de comic, aunuqe tal vez eso suene contradictorio con el planteo de otras obras de Miller como el "Dark Knight Returns", no creo que en el fondo haya tal contradicción. No sé si Miller habrá intentado conscientemente elaborar una alegoría política a través de 300, pero sí creo que debe haber al menos de modo subconsciente algo del pensamiento político de Miller en dicha obra.

- Creo que uno es muy irresponsable a la hora de filtrar el contenido de la información que recibe día tras día, creo que sería interesante juntar un universo de una 10.000 personas y cuestionarlos sobre su postura respecto de la Pena de Muerte en tres oportunidades a lo largo de un periodo de 1 año. Preguntarles al inicio del periodo y luego someterlos a la influencia de determinados programas y películas... hacerlos opinar nuevamente luego de ver, por ejemplo, "La vida de David Gale", "Dead Man Walking" y "The Green Mile", esperar 4 meses y hacerlos opinar después de ver "Seven", una temporada completa de "24" y "Criminal Minds".
No puedo garantizarlo, pero creo que un porcentaje importante del universo de la encuesta variaría drásticamente su posición tras ser expuestos a ambas influencias.

Mi punto es que tal vez la discusión respecto a lo que representa 300, sea irrelevante artísticamente hablando, pero socialmente hablando, es posible que sea imprescindible cuestionar cualquier ideología que busque apoyo en una obra masiva y que por lo mismo pueda lograr un alto impacto, sin pasar por los filtros del debate público.

continúo en un segundo mensaje...

Esteban Pedreros dijo...

Veo que te aprovechaste de Ghost Rider para seguir hablando de 300... creo que ésta película estuvo condenada desde que se supo que Nicholas Cage sería el protagonista. El tipo tenía que hacer alguna vez una película basada en un cómic (es fanático como nosotros, su apellido lo tomó del personaje Luke Cage = Powerman).

Si bien estoy de acuerdo en que si los estudios gastan millones en una película debieran poder decidir cómo echarla a perder, me parece que el gusto por estupidizar el material es un error. Las adaptaciones exitosas no son las que toman al pie de la letra el material original, sino las que comprenden la idea central de los mismos. Si un personaje ha sobrevivido por décadas en la imaginería colectiva, hay que buscar la razón en las historias quede él existen. En el caso del Ghost Rider, creo que estaban medianamente condenados porque creo que la esencia del personaje es que se trata de una calavera en llamas, ése es su atractivo... el cómic es un medio visual, ¿qué le vamos a hacer?

sigo...

Esteban Pedreros dijo...

SPIDER-MAN 3

Creo que el tono de tu propuesta final fue innecesariamente agresivo. El público al que va dirigido no reacciona racionalmente a los argumentos, tienen una idea fija que saben que no será satisfecha y cumplida esta "anti-expectativa", gozan el arte del destazamiento.

No soy lector de Spider-man. Tengo un conocimiento de segunda mano del personaje, sin embargo estoy de acuerdo en que las películas de Raimi logran capturar un espíritu, una idea del personaje y que la fidelidad fanática a la continuidad es innecesaria, sería más un obstáculo, un elemento distractor, que un aporte a la historia.

Personalmente creo hay un error en la forma en la que planteas el tema de si Spider-man 3 es una buena o mala adaptación.

- Está el tema de discutir la fidelidad al comic, que es un despropósito. Todos sabemos qué cosas son exactamente iguales al cómic y cuáles no. Quien plantea que una película es mala simplemente por no ser exactamente igual al comic que leyó le está pidiendo "peras al olmo", francamente no me esforzaría en debatir ese tema, no vale la pena.

- Como segunda idea, y creo que ésta es la importante, está el decidir, siempre subjetivamente, si la película se sostiene por sí misma. Cada película tiene distintas ambiciones y lo esencial es que cumplan las espectativas que plantean, una película filosófica debe plantear una idea interesante y relevante de manera clara y posibilitando la participación intelectual del espectador, una plícula de acción DEBE entretener.

Para algunas personas el dulce visual, la estética, el estilo, son suficientes por sí mismos, para justificar la existencia de determinada obra, creo que tienen razón. En mi caso siempre le pido un poquito más al guión y creo que Spider-man 3 aprueba en su objetivo aspiracional básico, pero falla a la hora de elevar su propuesta a un objetivo mayor.

Spider-man 3 no me parece una película de nota 6 en una escala del 1 al 10 porque tal o cual personaje no se parezca a como debiera ser en los comics, sino porque su lógica interna es bastante simple y muchos de los personajes tienen un rol únicamente funcional.
Bryce Dallas Howard puede haberme dejado embobado con esos hipnóticos ojos azules, pero su personaje era sumamente plano, ni qué decir del Capitán Stacy que parecía más un guiño a los lectores que un personaje que necesitase de un actor como James Cromwell.

Las debilidades de Spider-man 3 pasan por la inclusión de demasiadas historias paralelas, imposibles de explorar debidamente (menos aún de forma acabada), en el limitado tiempo que permite una película... tal vez una miniserie o una novela gráfica habrían permitido dotar a la historia de todos los ángulos necesarios para que cada elemento brillase con luz propia, pero en el contexto de una película de 2 horas 30 minutos que vi en el cine, muchas tramas se resuelven con la premura que impone el agotamiento del reloj de Arena.